MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Chanquin@s a escena Chanco - Teatro Municipal, Maule - 2018 Residente: Paulina Martínez Marín
Publicado: 29 de marzo de 2019
Después del fin de la historia

Habitualmente tendemos a contar las historias hasta cierto fin.

Sin embargo, algo que posibilitó el retorno, fue conocer Chanco después del fin de la historia-residencia.

Observar el cotidiano de Chanco ante el inicio de un nuevo año. Todo bastante similar al momento del fin, pero con algunos cambios de posición. En donde la vecina con la que solía conversar en cierto lugar, esta vez se encontraba en otro. La plaza con juegos de colores en la cual dibujé, jugué y vi perder sus juegos, ahora tenía un gran bicho azul en el centro. Cambios de trabajo, de casa y de ciudad para algunos.

Hubo de encontrarse nuevamente con las plazoletas en su estado habitual. En donde apenas quedaba rastro de esos días de historias por alto parlante. Aparecían sí ciertas señales de lo sucedido. Un afiche a medio morir, una postal guardada en el cuaderno de Andrés, otra colgada en la boletería de buses y un dibujo de la historia del Bosque colgado en la ventana de una vecina. Así, de un modo un tanto enigmático, me fui encontrando con señales que daban cuenta de lo ocurrido durante la residencia.

De esta manera también fue posible ir encontrando distintos cruces de relaciones entre quienes participaron y quizás no se conocían. Como una niña que acababa de entrar a primero en la escuela de Lagunillas, quien tras ver el material audiovisual que habían generado sus compañer@s el año anterior, se me acerca y me cuenta que ella creó la historia de la Caperucita Roja en la plaza de armas. Así, desde otro lugar, ella también fue parte de la historia de crear historias.

“Fuimos el ejemplo para otros niñ@s” gritaba un niño del sector rural al ver las imágenes y videos de lo que había sucedido en las plazoletas de Chanco urbano. Señalando que aquel programa radial había ayudado a que otros grabasen sus propias historias. “Esa niña usó mi disfraz de dragón, pero parece que no lo usó para ser un dragón…” decía otro, en donde reconocían y se sentían orgullosos de la posibilidad de expansión de aquello que habían iniciado.

El después del fin de la historia permitió conocer otros inicios. Como los planes de las encargadas de la Biblioteca Pública de Chanco, quienes entusiasmadas imaginaban todo lo que podrían hacer con el material del libo del Museo de los Secretos. O mi exploración al humedal las Ciénagas del Name en la búsqueda del Toro de Name que me había contado Martín y don Vidal…

¿Cuál es el fin? Y es que parece que de eso se trató todo esto, de contar historias y que estas den inicio a otras.

Paulina

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