MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Apuntes para nombrar una huerta en Mataquito Hualañé - La huerta, Maule - 2016 Residente: MUCAM + NODO
Publicado: 9 de diciembre de 2016
El rubio moreno

Viernes. A las 11 am. ya estábamos instalando todo para la primera sesión de pintura en la plaza de la Villa la Unión. Sorpresa, aparecieron los pintores y las pintoras. Estamos en La Huerta del pasado, esta vez nos ayudó la señora Rosa quien llegó por curiosidad y terminó pintando, además aportó con muchos datos sobre el pueblo. La sesión duró más de dos horas, participaron doña Rosa, Kevin, Flor Marchant, Akemi, Francisco Arroyo, un carabinero del retén La Huerta, su hijo pequeño, Francisca y Gastón.

Mañana sábado es el segundo cabildo, evento al que llamamos “Hoyo común”, haremos un curanto en hoyo a la manera chilota, es más, trajimos directamente desde la isla a los hermanos César y Jorge Gómez, quienes portan un tesoro increíble de música religiosa antigua, cantos con más de 200 años. Los conocimos porque Danilo Petrovich y Daniel González los entrevistaron y registraron por allá en su casa, hace un par de meses, de ahí quedó el contacto y por ello la invitación a visitarnos en La Huerta. Hoy fue el día de las últimas compras en Hualañé y de ajustar todo para mañana.

Como ya era la tarde -16 hrs- pudimos determinar muy bien el recorrido del sol y las sombras por tanto alineamos todo pensando en ello, la idea es prodigarnos sombra el mayor tiempo posible. Ya hecho el hoyo, hicimos una lista de todas las cosas que ya teníamos listas así como las que aun faltaban. Fuimos en busca de las piedras y llenamos el hoyo con ellas, por la tarde salimos a perifonear a toda voz: “¡Gran curanto al hoyo, al hoyo el gran curanto, comunidad de la Huerta te invitamos a compartir con tu familia…!”

Llegó la noche y en eso que planificábamos los últimos detalles tocó nuestra puerta un señor de mediana estatura, mirada inquieta, templada, con un guitarrón en la mano. Es un poeta y cantor, se llamaba Alfonso Rubio y lo acompaña Ponguito. Traían consigo unos exquisitos sanguches que devoramos sin pestañar, saciada el hambre conversamos de todo un poco, harta risa, harto modismo local, harta pausa, hasta que llegó el momento del guitarrón y la voz, Alfonso nos cantó un verso que figuraba al perro del patrón, creo que son los versos más extrañamente subversivos que he escuchado en años, lo comentamos luego. Nos fuimos al sueño agotadísimos pero contentísimos, a buen comienzo buen final.

Por Carlo Mora e Ivonne Acosta.

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