MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

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Red Cultura
Residencia: Aire, mar y tierra Colmuyao - Cobquecura, Ñuble - 2018 Residente: Enrique Flores
Publicado: 7 de Noviembre de 2018
La fiesta del pueblo

Generalmente Colmuyao es un pueblo tranquilo. No se ve mucha gente en la calle y podemos identificar casi todos los vehículos que vemos pasar. Hubo un fin de semana en donde eso cambió y hasta tuvimos vecinos aquí en el lugar en el que generalmente vivimos sólo nosotros.

Después de la primera reunión con don Bernardo, el Presidente de la Junta de Vecinos, quedamos invitados a asistir a la única instancia de reunión del pueblo: una fiesta que se recuperó hace sólo tres años, ya que hubo un período en el cual no se realizó. La fiesta volvió debido a que se extrañaban excusas para reunir a los habitantes que van quedando aquí.

Colmuyao cuenta con un cementerio que alberga no sólo a personas de este pueblo sino que también a personas de los pueblos y caseríos cercanos. Podríamos decir que hay más gente bajo tierra que sobre ella en este momento. Es por eso que el fin de semana largo del 1 de noviembre pudimos ver directamente la influencia que ejerce este lugar y los tránsitos que logra producir. Por un lado gran cantidad de camionetas con gente amontonada venían a visitar a sus familiares muertos, pero también otra cantidad pasaba para quedarse un rato en la rústica ramada que se hacía en el terreno “central” del pueblo. La ramada de 6×4 metros era, básicamente, una barra que ofrecía chicha, vino y cerveza y un suelo de aserrín con rancheras que salía por los parlantes. En realidad la fiesta la conformaba poca gente con mucho ánimo festivo, mientras que otros se dedicaban a mirar desde fuera del cerco a la gente que se animaba a bailar en el centro de la pista cada cierto tiempo. Un grupo numeroso era el de hombres que se juntaban a conversar en la barra, y otro grupo más discreto era el de mujeres que se sentaban a un lado a tomar vino con durazno. Después de un tiempo no era extraño ver a hombres siendo arrastrados por sus mujeres o personas saliendo en carretillas.

Lo que vimos ese día también confirmó algo que ya habíamos escuchado anteriormente en conversación con otras personas del pueblo, sobre la afición al alcohol y cómo llegan a afectar en alguna medida también a los niños, algunos padres le dicen a sus hijos que la cerveza no tiene alcohol.

La fiesta que duró 48 horas se extendió durante todo ese fin de semana, escuchándose muchas rancheras desde la mañana hasta ya  bien caída la noche, en algún momento comenzó a caer  lluvia y aguó la fiesta para algunos, pero no para aquellos que siguieron festejando con las rancheras hasta que la celebración finalmente se acabó.

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