BitácoraResidencias de arte colaborativo

Residencia: Camino en costura Coronel - Isla Santa María, Biobío - 2017 Residente: 12NA: Plataforma de reciclaje textil
Publicado: 5 de diciembre de 2017
La once (El Norte recuerda)

El día del cumpleaños de Nicole los chicos del Liceo de Puerto Norte nos pidieron un día más para jugar y utilizar la residuoteca junto a nosotras. Sabían que esta sería nuestra última semana en la isla y querían despedirse, pero también querían comer. Volveríamos el lunes a una “once” programada para las 8 de la mañana, donde, luego de las sopaipillas del Benja que nunca llegaron, nos sorprenderían trayendo diversas cosas. Todo estaba detallado meticulosamente en una lista que ellos hicieron y me mandaron por whatsapp a través de la profe Marcela. Nosotras traeríamos el resto.

La experiencia de las sopaipillas nos daba antecedentes como para pensar que no llegarían todas las cosas de la lista, pero el entusiasmo y la organización nacida de ellos ya era un gesto invaluable. A dos días de tomar el catamarán de vuelta al continente todo es un tema sensible, incluso un paquete de ramitas.

Ellos querían hacerlo todo, querían jugar, recolectar basura, armar herramientas, crear monstruos y utilizar las herramientas de la residuoteca. Nosotras queríamos más tiempo. Queríamos que todo hubiese comenzado más rápido en el norte, más fácil.

Finalmente hemos entendido las diferencias que separan a ambos puertos, más allá de los rumores, las leyendas y las iglesias. El sur es el plan, es la capital, donde todo llega antes, donde se alojan las autoridades y se realizan los partidos de ambos clubes (norte y sur). Nosotros mismos inclusive, terminamos viviendo y trabajando más en el sur. Ninguno de los habitantes de esta isla decidió nacer en tal o cual pedazo de tierra, nos comentaron algunas señoras frente a la disputa por cuál será el puerto que alojará el Catamarán en el futuro, y es cierto, pero se aferran a la identidad desde la diferencia. Queríamos propiciar la vinculación entre uno y otro, pero así como pasa con el resto del país, las condiciones territoriales nos retuvieron en el “centro” más de lo que hubiésemos querido.

Los niños y niñas que a diario viajan de norte a sur (los de básica van a puerto sur y los de media van a puerto norte) en el bus que conduce el tío Mauri, nos muestran que con el tiempo esa separación no será tan fuerte. Las ganas de los chicos de puerto norte para viajar con nosotras al sur a pasar la tarde también. Y todo es cuestión de tiempo: una residencia más larga para poder conectar con la comunidad a su ritmo, tiempo para entender lo que estamos haciendo sin perdernos en los objetivos o en las primeras impresiones. Tiempo para tomar distancia y perspectiva y no caer en los modelos que buscábamos interpelar. Tiempo para que los isleños confiaran en el proyecto. Tiempo para las despedidas y las onces también.

Fueron pocos días con este grupo de chicos del norte, pero profundamente intensos y memorables, como ellos mismos: los nuevos Nakamas y nuestra once, con “h”.

P.D: Samuel se ofreció para ser el encargado de la residuoteca de Puerto Norte y la tía Katty es el contacto con la residuoteca Sur, por si alguien pregunta.

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