MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Caleta de historia Iquique - Caleta San Marcos, Tarapacá - 2017 Residente: Katherine Aravena Cáceres
Publicado: 7 de Diciembre de 2017
Mi vecino Toto

A Juan le dicen Toto. Toto es mi vecino, vive justo frente a mi casa. Toto es un señor de unos 70 años quizá. Toto es quien al otro día de mi participación en la reunión mensual del Sindicato de pescadores, llegó a mi casa muy temprano, para contarme la historia de la Escuela y de su vínculo emocional con esta, el que determinó su participación como uno de los personajes principales de la historia que cuenta el documental, y que fue bienvenida en el grupo que participa en las actividades de la residencia.

Toto tiene dos hijas y un hijo que viven en Iquique, declara haber trabajado toda su vida para darles una buena educación. Piensa que lo ha logrado, pues dos de ellos ya están titulados, y la menor está a punto de lograrlo. A pesar de tener problemas en los huesos de sus extremidades inferiores, por la humedad que ha enfrentado en su vida dedicada a la mar, se las arregla para seguir generando ingresos.

Toto es muy religioso y muy conservador también. Quizá sea por eso que es tan incomprendido por el resto de la comunidad. Toto es uno de los pocos actores de las celebraciones en torno a San Pedro, realiza las gestiones necesarias y dedica gran parte de su tiempo en confeccionar adornos de papel para estas instancias. Esta actividad, pone a temblar su imagen masculina frente a algunos hombres y mujeres miembros de la comunidad. Pareciera que Toto es un personaje que relacionan con las emociones y aquí en la caleta, son escasos los espacios para demostrarlas.

Algo curioso de lo que he conocido sobre Toto, es que cuando ocurrió el aluvión en marzo de 2015, la caleta quedó aislada por los cortes de camino, y de seguro un poco paralizada por el temor de lo que estaba pasando un poco más al sur, y aunque la comunidad, no se vio perjudicada directamente, la casa de Toto fue -la única- afectada. Aun no entiendo cómo, pero el barro llegó a su casa, solo a su casa. Quienes me han contado esta historia, hacen énfasis en lo devoto que es Toto y les sorprende esa especie de castigo que le tocó vivir.

Toto se comportó de una manera muy amable conmigo. Incluso, hace unas semanas, cuando se realizó el bautizo de San Pedro -pues la figura anterior se quebró- me pidió participar en la misa con el fundamento de que si estaba viviendo aquí en la caleta, debía ser parte de las actividades de la comunidad, y aunque yo no soy católica, participé, por curiosidad y con respeto.

Hace dos días, estaba realizando los créditos del documental y me faltaba el segundo apellido de Toto. Crucé hacia su casa a preguntárselo y cuando salió, no tenía la expresión de siempre. Estaba muy serio, quizá también expresaba algo de enojo. Cuando le comenté a lo que iba, me dijo que él ya no quería participar y que borrara todas sus imágenes del documental. Siendo una pieza fundamental del relato, esto se volvía un caos.

Le pedí que conversáramos para entender lo que estaba pasando. Primero me contó de sus percepciones respecto a la comunidad, habían varias negativas -incluso usó la frase “venirte a la caleta, es lo peor que podría haberte pasado”-. Si esa percepción era el motivo que lo hizo desistir, yo aún no entendía qué era lo que la había detonado. Después de una media hora, comenzó a contarme que en el último tiempo, había visto entrar y salir a varios hombres a mi casa y que su confianza hacía mí, había muerto. Obviamente que, cuando Sven y Francisco vinieron a participar de la residencia, se quedaron en la casa donde vivo. A estas presencias masculinas, se suman las visitas de un par de buenos amigos que han surgido en este tiempo de vida caletera.

La verdad es que fue imposible hacerlo entender que son solamente compañeros y amigos, y le pedí que por favor, viera el documental antes de decidir dejar de participar, así que fuimos a verlo. Una vez frente al computador, su auto imagen no le gustó, decía que se veía negro y viejo, y yo ya no sabía con qué apelar. Después de más de una hora de conversación y mucho té, finalmente lo convencí de que si decidía dejar de participar, el documental se derrumbaría.

¿Cómo mi vida personal podría darle fundamentos a alguien para derrumbar todo lo que habíamos hecho?… en el momento solo pensaba en lo insólita y machista que era la situación. Sé que es casi imposible que Toto abra su mente, solo espero que un día deje ir ese enojo y me recuerde por lo que soy, no por la imagen que sus prejuicios morales le crearon. Respecto a la situación, al otro día le pedí que firmara una autorización para poder utilizar su imagen, a lo que accedió, y respecto a mí, finalicé el día agotada, pero terminé de comprender a aquellas mujeres que me decían que no participarían en la residencia por el qué dirán, a aquellas que prefieren dejar de socializar y quedarse encerradas en sus casas, pero libres de enjuiciamientos.

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