MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Confines, donde navegan los tiempos… Cabo de hornos - Puerto Williams, Magallanes y Antártica - 2017 Residente: Viviana Silva Flores
Publicado: 7 de Noviembre de 2017
Mucho putrúr

Esta semana al fin ha habido sol y calor!! Incluso el otro día se batió el récord en altas temperaturas en Williams, llegando a los 22 grados tras 25 años, una temperatura histórica que para mí fue toda una alegría!!!

Si bien acá a los habitantes no les hizo mucha gracia, ya que están acostumbrados a las bajas temperaturas, yo en cambio he sonreído más y he aprovechado de ponerme unos minutos bajo el sol. Sobre todo cuando camino a Ukika a ver a la Abuela Cristina con quien paso algunas tardes tejiendo.

Me encanta estar con ella y creo que ella se siente algo acompañada. Al menos se ríe corrigiéndome los errores que cometo con el junco y contándome sus historias de pequeña. Ya hemos tejido dos canastitos juntas y estamos empezando el tercero!

Estos días además ha estado enseñándome algunas palabras en yagán, una lengua que se está perdiendo (ella es la única persona que habla fluidamente esta lengua, por eso está en peligro de extinción), aunque hoy existen algunos intentos por enseñar palabras a las nuevas generaciones. Pero hablarlo es mucho más complejo y difícil en este momento. Como lengua, ésta no tenía escritura. Su alfabeto, de 24 fonemas y grafías, fue desarrollada por el lingüista Oscar Aguilera mucho más tarde. Además, en el Museo Martín Gusinde, señalan que los yaganes estaban subdivididos en cinco grupos y que cada uno de ellos tenía sus propias variantes dialectales. Aun así, la Abuela me dice “quien quiere aprende”, así que yo al menos mientras vamos tejiendo, lo intento. De ahí que estos días aprendí, que mucho putrúr es tener mucho calor, algo que ese día histórico me repetía con cara de agobio y que hoy martes en parte se repitió. Por eso que nos sentamos en el sofá frente a la puerta, con ésta abierta, para que corriera el viento y así también pudiésemos mirar hacia afuera, observando a las kiuáku o gaviotas revueltas con tanto sol y cantando sobre el asáka. Juntas nos reíamos de sus sonidos, era fuerte su canto y revoloteo con los mariscos. La Abuela me contaba que antes se comían los pichones asados y que estos sabían a pescado. Pero hace años que no les dejan poder cazarlos y comerlos.

En medio de palabras y tejidos con mapi, me paso algunos días el tiempo, esperando que el putrúr no se vaya.

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