MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: A-ISLADAS: poética de los cuerpos huilliche Castro - Quehui, Los Lagos - 2017 Residente: Paula Baeza Pailamilla / Paulamilla
Publicado: 18 de Octubre de 2017
Visita a la fiscala de San Miguel

El catolicismo en Chiloé tuvo y tiene un rol muy marcado, configurando el vivir en el archipiélago bajo el dogma occidental, es así que en todos los poblados se erige una capilla y es fácil encontrarse con suvenir de santos y santas en la casas de las y los chilotes que les rinden culto.

Estos signo foráneos se entremezclan con ritos propios de los Huilliche, como es el caso de la fiesta patronal donde la procesión gira alrededor de la iglesia, una apropiación directa del “circular” del Nguillatun, materializándose la pillería europea en el sincretismo chilote.

Cabe mencionar que esta religiosidad deviene de una largo proceso histórico producido e impuesto al territorio de la gente del mar, un ejemplo claro es lo que se denominaba la Mita, que fue el trabajo obligatorio al que se sometía a los indígenas en tiempo en que los colonos se repartían las tierras, incluso con los/as indígenas que las habitaban dentro. La aceptación del catolicismo en el archipiélago no fue opcional.

La figura de la fiscala es extraña a la orgánica jerárquica de la iglesia católica. Son fieles que ha voluntad cumplen la labor que antiguamente le correspondía al párroco, que era designado por un poder central desde Castro, que a su vez rendía cuenta a otro poder central con base de mando en el virreinato del Perú. Una estrategia poco común, que da cuenta de una contextualización estructural para con las condiciones de aislamiento de las islas.

Desde nuestro punto de vista, esta variación organizativa de poder de la iglesia es de aprovechamiento de la fe ingenua de los fieles, que asumen como propios los costos de mantener activo el templo y todo lo que ello conlleva. El aislamiento y el decaimiento del poder eclesiástico provocaron la apertura de una estructura cerrada y patriarcal. La fiscala pasó de ser una beata a llevar las misas, los funerales, visitar a los enfermos, mantener limpio el espacio religioso y organizar los ritos anuales.

Nos inquieta experimentar las voz de una anciana de mirada dulce que presta sus buenas intenciones a un discurso ideológico ajeno y despiadado, que negó la identidad de los cuerpos antes nativos, para agendarse en sus corazones  condenándolos como prófugos de su misticidad. Nos da impotencia pensar aquella moral que desde el nombre del binarismo occidental del “bien y mal”, taló a las islas del complejo imaginario nativo para levantar cruces de arrayán en nombre de un dios único. La visita a la Fiscala nos sirve para pensar y tomar posición en la dirección que le queremos dar a nuestro proyecto en proceso.

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