MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Proyecto Ayni Camarones - Esquiña e Illapata, Arica y Parinacota - 2018 Residente: Patricia Albornoz Ramírez (Patiperra Audiovisual)
Publicado: 4 de Diciembre de 2018
Zampoña: Melodía del viento

Había  escuchado rumores de que el hijo de la señora Margarita Gaviño de Illapata, tenía dotes para la pintura y la música, en nuestras visitas a entrevistar a su mamá, él siempre estaba acompañándola en los que haceres de la chacra y los animales, en una de estas oportunidades, mi compañera de residencia, Ingrid, me dijo que le preguntemos sobre la factibilidad de que  participe con su música en el proyecto colectivo de los caminos troperos, la idea me pareció interesante, pues es muy difícil encontrar músicos en el Valle de Esquiña, la mayoría ya están muertos o pertenecen a bandas de bronce.

Cuando le comentamos la idea al “Pino”, se entusiasmó de inmediato, nos dijo que tenía canciones que eran de su autoría, que también se dedicaba a componer, lo que era aún  mejor, ya que podía crear una letra que tenga que ver con la temática de los caminos.  Quedamos en darle unas semanas para que pueda inspirarse en la letra y nos fuimos de regreso a Esquiña.

Cuando no había pasado ni una semana, el “Pino” nos mandó a avisar que ya tenía lista la letra, que vayamos a su casa para ver si nos gustaba. El día sábado en la mañana  partí camino a Illapata, allá se encontraba él y su madre, me invitó a pasar al comedor  e inmediatamente comenzó a tocar con la zampoña la melodía que había creado, a medida que la tocaba podía imaginar los relatos que las personas con esa música de fondo, era conmovedor.   Luego comenzó a cantar al ritmo de un huaino andino, marcando los tiempos con golpes en la pared, simulando un bombo.  En las paredes de su casa, se podían visualizar los cuadros que él pintaba en sus tiempos libres, efectivamente era un artista.

Me dijo que quería invitar a tocar con él a su hermano y sobrino, así tocar a dos zampoñas para que suene más fuerte, e ir marcando los tiempos con el bombo, pero la única dificultad era que su bombo estaba roto y había que conseguir uno.

Las personas del pueblo me dijeron  que en la escuela podría conseguir uno con la profesora Virginia, y efectivamente así fue, ella accedió sin problemas a prestarlo, luego de comentarle el propósito de su uso.  Quedamos en que el domingo 9 realizaríamos el registro sonoro con la colaboración de Claudia e Ivo, de la residencia de Nueva Esperanza, Arica.

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