MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Tesoros del Cerro Andacollo, Coquimbo - 2019 Residente: Claudia del Fierro
Publicado: 9 de marzo de 2020
El verano se pasó volando. Consideraciones finales.

Ya nos vamos de vuelta a Santiago. Estos últimos días han sido muy movidos entre ordenar la casa, el taller, despedirnos de todxs y organizar el viaje. Caminando por Urmeneta camino a hacer el registro de la exposición pasamos a conversar con la señora Laura. Nos regala unos calendarios 2020 de Churrumata que mandaron a hacer para el encuentro. También nos cuenta que perdieron plata por un problema con el otro organizador. Aun así, no se arrepiente de haberlo organizado, quien sabe que pasará el próximo año… Dejamos saludos a todxs y nos despedimos con un abrazo apretado. El local de don José está cerrado, hora de almuerzo debe ser todavía. La exposición ya empieza a ser visitada, nos cuentan en la Casa del Encuentro. Le reitero a Felipe que las fotografías deben ser entregadas a cada grupo participante después del desmontaje. Hacemos las últimas fotos y comentamos algunas anécdotas del proceso de trabajo. Nos hubiera gustado que lxs niñxs de la Escuela de verano hubieran podido ir a la inauguración, pero están todos ya en horario de colegio en la semana. Las niñas del correo, que estuvieron en el taller de sombras pasan a visitar, se ríen con las fotos. Me despido de Solange y nos vamos a la casa. Queda harto por hacer y alcanzamos justo a mandar algunas cosas que no podemos llevar en el avión de vuelta. Paso a la casa de don Oscar a dejarles el video y algunas fotos y la señora María se emociona. Los vamos a echar de menos- dice. Ya nos habíamos acostumbrado a ustedes. De don Willy nos despedimos por teléfono y nos cuenta sus apreciaciones sobre los resultados del proyecto. Hay mucho más que podríamos hacer, radioteatro con no videntes, música, cuentacuentos. Cecilia opina lo mismo cuando pasamos a la Biblioteca a despedirnos. Ahora van a poder hacer más talleres de marionetas y enseñar el oficio a otrxs niñxs. Ella sigue son su club de ajedrez, lectura con niñxs más pequeños y espera retomar las actividades de memoria. El sábado vamos por última vez a la feria y nos despedimos de la señora Elba con un abrazo. Somos bienvenidos a quedarnos para la próxima. Hacemos planes, nuestra idea es volver para la fiesta chica, en octubre y pasar también por Maitencillo y hacer un encuentro en los sauces, hacer la peregrinación a la Chinita y terminar acampando en el cerro. Entregamos la casa a su dueña que viene de Tierras Blancas y salimos a la calle cargados empujando maletas. Tenemos pedido el colectivo amarillo a La Serena y nos espera un largo viaje. Vamos en silencio mirando por la ventana la cuesta de Andacollo por última vez, el grafiti de “mi tío Carlos”, la gruta de San Antonio y al pasar por Maitencillo nos asomamos a ver si está el tío Luchín o algunos de lxs ninxs.

 

A los pocos días de aterrizar en Santiago han comenzado las medidas sanitarias y entramos en las cuarentenas y días grises de noticias terribles. Hablamos con don Willy, don Oscar, la señora María y Carolina para saber cómo están todxs. No sabemos lo que nos espera y estamos especialmente preocupados por la comunidad de Maitencillo, que no tiene internet y hace 15 años espera el agua potable rural y se abastece con camiones aljibes. Seguimos en contacto y yo trato de ordenar los registros, materiales y la cabeza para comenzar el informe de cierre del proyecto.

 

Pienso en las impresiones e ideas que tuvimos en nuestra primera visita al territorio en agosto de 2019 y me parece que fue en otra era. En ese momento dialogábamos con la Unión Comunal Cultural para establecer alguna colaboración y trabajar con lxs artistxs de su agrupación. También veíamos la posibilidad de pedir un espacio-taller permanente de trabajo en la Casa del Encuentro Ciudadano y apoyarnos en su convocatoria a nivel comunal. Pero nada de esto prosperó realmente. Al volver en noviembre el país estaba convulsionado y las prioridades de las organizaciones e instituciones estaban en otra parte. Intentamos vincularnos nuevamente a la Unión Comunal de la Cultura, sin éxito debido a su aversión a los proyectos del gobierno en el contexto del estallido social. Fuimos a un encuentro de cabildos para entender cómo se estaba organizando la gente, pero no hubo mayor posibilidad de acceder a esos espacios y también entendimos que al ser santiaguinos nos iba a costar más entrar a los círculos locales de conversación. Al inicio algunos funcionarios municipales estaban en paro, por lo tanto, no pudimos reunirnos con ellos y noviembre fue un mes muy lento. Incluso pensamos posponer la residencia, volvernos a Santiago hasta que la situación fuera más propicia, pero eso iba a encarecer mucho nuestros gastos operativos.

 

Entonces nos dimos cuenta de que una solución era salir a conectarnos con organizaciones pequeñas y también con localidades rurales de la comuna. Esto implicaba partir de cero con las relaciones públicas y no seguir las recomendaciones indicadas en el levantamiento territorial, pero teníamos que probar otra cosa. De  esta forma, con encuentros más personales y aprovechando las oportunidades que se nos presentaron, fue que pudimos conocer a Carolina Osorio de la Junta de Vecinos de Maitencillo, don Willy Castillo, la señora Laura de Churrumata, Carolina Herrera guía espiritual Diaguita, la señora Elba Berríos, don Juan León jefe del Baile n 8, don Oscar Malebrán lavador de oro, el Club Nueva Esperanza de rehabilitados alcohólicos, y también funcionarios de otras áreas de la municipalidad como Solange de Turismo, Cecilia de la Biblioteca y a Magaly del área social que coordina las Escuelas de verano- todxs ellxs de gran apoyo para el proyecto.

 

Si bien cambiamos la estrategia y grupos con quienes nos relacionamos, los objetivos del proyecto se mantuvieron y fueron abordados en las actividades que organizamos. Al principio era difícil saber cuáles grupos iban a seguir trabajando con nosotros, por lo cual tuvimos que compartimentar el tiempo entre varias iniciativas. Por ejemplo, el grupo de ex churrumatinos tenían ganas de realizar un proceso de memoria con el material de fotos y archivo, sin embargo, ya tenían organizada su propia dinámica y nos habría tomado más tiempo llegar a realizar un trabajo en profundidad con ese material, más allá de la exposición que era como el inicio de un proceso. Sin embargo, la comunidad de Maitencillo desde un inicio se comprometió y fueron ellxs mismxs quienes hicieron un diagnóstico sobre su situación y la necesidad de realizar actividades con lxs niñxs. Debido a esto logramos juntarnos con ellxs una o dos veces a la semana durante 3 meses. Incluso cuando el grupo tuvo problemas para recopilar material o encontrar entrevistadxs para filmar, fueron las mismas niñas quienes pensaron en alternativas y soluciones.

 

En esta residencia hemos logrado realizar más actividades y obras colaborativas de lo que esperábamos. Fueron cuatro meses muy intensos en donde cada semana se planteaba un desafío nuevo para el equipo. Como responsable del proyecto, creo que fue una buena decisión incluir a un equipo variado de integrantes que estuvieron con nosotrxs de forma intermitente. Valentina Menz, con su experiencia en mediación, fue de gran ayuda en las semanas iniciales, cuando necesitábamos comenzar a formar lazos y proponer dinámicas de trabajo con las comunidades. Sybila Oxley, actriz y educadora, nos aportó el apoyo necesario para estructurar el trabajo en la Escuela de Verano, que implicaba la participación de un grupo grande niñxs de edades diversas y en ocasiones complicados. Isis Vidal, profesora de lenguaje fue de mucho apoyo hacia el final del proyecto con lxs niñxs y el trabajo de escritura y cuentos. Agnes Evseev llegó con sus instrumentos y máquinas a entusiasmar a lxs niñxs más grandes de la escuela, así como a lxs exploradorxs de Maitencillo. Asimismo, Ivo Vidal acompañó todo el proceso, aportando en las actividades manuales, musicales y consolidando pacientemente las relaciones con distintas personas de la comunidad. Al evaluar la experiencia, todo el equipo quedó de acuerdo en que podríamos haber hecho un proyecto de más profundidad y alcance si hubiéramos tenido más tiempo en Andacollo, o una modalidad de visitas intermitentes durante un período más largo. El verano se nos pasó volando, pero las amistades y experiencias permanecen.

 

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