MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Playa/Plaza_2020 Cecrea - Valdivia, Los Ríos - 2019 Residente: Mariana Catalina Carrasco Ruiz
Publicado: 30 de diciembre de 2020
Hasta la vista baby

Estábamos al awaite, los tirafondo comprados y  el serrucho en la cartera. Se dio justo el minuto para arrancar de vuelta a la realidad, así que nos colamos en un hueco entre cuarentenas montados en la punta de la cola del 2020 y arremetimos: Aló Milena, Aló Alicia? bla bla bla. Sí a todo, listoco. Ni bien habíamos puesto una pata en la Menzel y ya estaban lxs niñxs a nuestro alrededor mirándonos como a los reyes de Zamunda. Chiquillxs les dijimos es mañana o mañana para  terminar lo que empezamos. Eeeehhh!!!!

 

Lxs niñxs ya habían ido definiendo lentamente durante los meses de la residencia dónde iba cada cosa, con qué materiales, quienes hacían qué y así. Un plan maestro que si bien habíamos programado en papeles y códigos pa tirar a la chuña a la hora de ponerle patitas nos resultaba un poco tieso, más que nada porque habíamos perdido la práctica de estar juntos en carne y hueso. Para más que apenas nos veíamos el caracho  detrás de las mascarillas y que los saludos fueron de codo y tobillo, nada de abrazos o paipes. Salieron a salvar las brochas que rápidamente llamaron a la acción y en un ratito estaban todas las cabras encaramadas en los juegos dándole la capa final a la pintura que estaba un poquitín más desteñida pero igual estoica. Mientras en la sede sonaba la motosierra cortando polines de 1.20 x 1.50 que serían los arcos de la victoria de una cancha instalada sobre ojalá el recuerdo de un basural. Y NO BOTAR BASURA decía el cartel que pintaban  un grupo de cabros  amainando la ansiedad de plantar los primeros palos de la cancha. En la vulca habíamos conseguido varios neumáticos y aunque originalmente las mamás de la villa habían considerado un diseño de recauchaje con múltiples usos, por tiempo y otras variables sólo quedó la posibilidad del clásico columpio de rueda de auto. Eso sí seguimos al pie de la letra la filosofía inicial de estos prototipos: Dos columpios para niñxs chicxs con neumáticos de autos chicos y un columpio para niñxs grandes con neumático de auto grande. Este último además estaba imitando un modelo de juego que habíamos rescatado de una deriva que hicimos por otras plazas de la población y que lxs niñxs llamaban el platillo volador. Mientras lo instalamos también lo probamos un sin fin de veces, hubo dedicación y cuidado porque era importante que quedara a la medida  de cada unx y que soportara el peso de todxs. Llegamos a ser 8 seres desafiando al caucho y la ingeniería arriba de un platillo que viajaba en todos los sentidos. Entre más maree mejor! ese fue el criterio y hasta que estuvo archi comprobado no nos dimos por satisfechos. Entre medio de las pruebas el Lucas dijo que pa que le ponemos tanto si de aquí a mañana ya se lo van a echar 🙁 Y que tanto le dijo la Cassandra si se lo echan ponemos otro y otro y otro si total ya sabemos cómo hacerlo.

 

En el merecido descanso sacamos el jugo y las galletas y la Alicia como quien saca un conejo de un sombrero, hizo salir de su bolsa matutera un set de vasos, gorros y cornetitas de cumpleaños con la cara de los minions. Es nuestro cumpleaños y nuestra despedida dijo con un gesto que sólo te otorgan los años de dirigencia.  Ídola. Anotado para siempre en la bitácora del corazón. Con los gorritos puestos hicimos salú y nos cagamos de la risa escuchando al Lucas que decía: hasta la vista baby. Nunca nos creyeron que era la despedida.

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