MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Agua, Transito y Memoria Colina - Lampa, Región Metropolitana - 2019 Residente: Organización Comunitaria y Cultural La Finca
Publicado: 7 de julio de 2020
OLVIDOS Y AUSENCIAS (Memorias de otoño, por Francesca Godoy)

 

*Nota aclaratoria: como parte de retomar las actividades de memoria y observación participante en Estación Colina, le pedimos a las artistas colaboradoras del territorio Aconcagua (Francesca Godoy y Jocelyn Muñoz en principio, eventualmente también Iván Rivera) que pasaran a escrito sus primeras impresiones siendo parte de la residencia. Es en ese contexto que surgen algunas de las bitácoras que se intercalan a continuación, como testimonios parciales del proceso que nutren con perspectivas alternas y complementarias el sentido integral de la residencia que en una primera fase solo se había llevado a cabo en co-diseño con las vecinas de Estación Colina.

 

 

Ya es hora de viajar.

Me siento alerta al menor evento o situación, ya estoy en este camino y con la señal prendida.

Nunca antes escuché nada sobre Lampa, ni nada sobre el humedal más importante (según se conoce) de la metropolitana, que se encuentra en la localidad de Batuco rodeado por la cordillera de la Costa.

No tengo referencias. Nunca estuve ahí.

 

La velocidad de la capital es eléctrica, por consecuencia me lanzo entre la gente a perseguir el objetivo dentro de un aire de millones de sintonías, difícil, aire saturado.

En el camino a pie desde metro cal y canto somos una sola gran cosa que avanza. El trayecto es devorador.

En terminal La Paz la micro hacia Lampa-Estación Colina ya está en el andén.

Luego de un rato bastante largo partimos. El calor me azota.

Con destreza alguien me hace un alcance de rutas en medio del chisporroteo de una radio, quiere ayudarme.

Temo no llegar a tiempo a la reunión pero ellx insiste con más destreza todavía de la que permite una micro en movimiento se sienta a mi lado, me mira llena de curiosidad y se ofrece llevarme en su auto hasta el mismo centro cultural «El Patroncito» en donde me esperan, una vez nos bajemos de la colapsada micro sin oxígeno.

Llego justo para la once que está casi montada en estas inmediaciones estilo colonial con una capilla dentro.

Todo a punto de comenzar y ebullir naturalmente al ritmo de las bienvenidas de vecinas y vecinos que veo por primera vez.

Observo que hay cercanía ya entre todxs, tomas de confianza, agarres de cariño, se percibe un interior queriendo emerger hacia el exterior como una suave red.

Para mi es salir del contexto con la frescura y alegría propias de una aventura de la cual no puedes advertir el desenlace, requiere entrega, poner los ojos, la paila, y la cuchara.

Cae la tarde pero sin promesas de que caiga el calor.

Se traza lo que serían las primeras líneas. Los primeros alegatos que van saliendo con el ímpetu que nace ahí en los barrios de Villa Esperanza. Surge el ruido, es el caos que ya se anunciaba en el acalorado devenir de la lluvia de ideas:

 

– Memorial por los muertos (en la ruta)

– Memorial colectivo post mortem

– Nos cuentan que en Lampa no existe un plan regulador

– Las plazas son espacios cerrados

– Una vecina comenta: «Somos lampa no más».

 

La comunicación entre el pasado, el presente y el futuro parece suspenderse aquí porque ya no hay ningún futuro y el ente de otro tiempo arrastra olvidos y ausencias.

 

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