MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Retrato en las Alturas Putre - Ticnamar - Belén, Arica y Parinacota - 2016 Residente: Catalina Garretón Matzner
Publicado: 24 de Octubre de 2016
El interior

Del Pacífico a la cordillera de la cordillera al nivel del mar.  La ruta del desierto o la ruta tropera comunera, es por donde siempre se ha trasladado la gente del interior de la cordillera y del altiplano. Una concurrida ruta por los españoles en el siglo XVIII por su conexión directa con las minas de plata de Potosí. La misma ruta se adhiere al Circuito de las Misiones, donde se encuentran todos los pueblos que tienen construida una iglesia y un campanario por consecuencia de la llegada de los españoles. La fusión de la cosmovisión indígena y la cristiana está muy presente, el sincretismo religioso es lo propio y lo impuesto, lo que introdujeron a la fuerza y quedó. Dicen que han sacado lo mejor del cristianismo y lo mejor de la cultura aymara, logrando tener un entendimiento de ambas raíces, implementándolo en el mundo contemporáneo, manteniendo sus tradiciones y costumbres. Desde el Tiwanaku, los Inkas, los españoles, la Guerra del Pacífico y el proceso de chilenización, se ha invadido estas tierras con violencia y poca entereza de su riqueza espiritual y natural.  La migración a las grandes  ciudades ha ido incrementado, pocas son las personas que viven y trabajan hoy en día en estos pueblos, pocos son los que los conocen o ni siquiera han oído hablar de ellos. Pueblos místicos llenos de historias sin revelar, mitos, leyendas, tesoros arqueológicos, seres y encantos.

En el territorio se distinguen tres grandes pisos ecológicos: Costa y valles bajos, Sierra o pre cordillera y Puna o Altiplano.

ARICA CAMARONES PUTRE GENERAL LAGOS

Poconchile/ Azapa /Livilcar/ Guañacagua / Chitita / Socoroma / Zapahuira / Copaquilla / Chapiquiña/ Murmuntani / Pachama / Belén / Lupica / Saxamar / Tignamar / Timar / Cobija / Tulapalca / Aico / Sucuna / Saguara / Pachica / Esquiña / Codpa / Putre / Visviri / Airo / Tacora / Chapoco / Putani / Cosapilla / Guacollo / Caquena / Parinacota / Choquelimpie / Guallatire / Timalchaca / Parcohaylla / Mulluri

Son las 6:50 am, espero la Paloma en Arica para subir a Belén. Esta vez voy sola para seguir con las máscaras en ambas escuelas. La micro se detiene en un negocio llamado “Kuli Kuli” en Cancha Rayada, donde se embarcan los últimos pasajeros y cobran el pasaje. Estoy sentada como de costumbre junto a la ventana. Para mi sorpresa se sienta a mi lado un caballero que había llamado mi atención antes en Zapahuira cuando fuimos a la caminata a Copaquilla. De inmediato me saluda amablemente y comenzamos a hablar sin parar. Su nombre es Beto, me cuenta que es oriundo de Socoroma y que trabaja en diversas actividades agrícolas o ganaderas, hoy debía ir a plantar a una chacra de una señora cerca de Chapiquiña. Me cuenta de sus padres, que su madre aún vive pero que está muy delicada de salud, que por lo mismo ya no puede subir muy seguido. Me pregunta de donde soy y porque estoy por estos parajes. Le cuento sobre la residencia, se interesa de inmediato me habla sobre la cosmovisión aymara, sobre lo importante que es agradecer a la naturaleza por todo lo que nos brinda y sobre la importancia de mantener vivos a nuestros ancestros. Me explica sobre la trashumancia, lo que se define como un tipo de pastoreo en continuo movimiento, adaptándose en el espacio a zonas de productividad cambiante, explicándose el intercambio entre los pisos ecológicos geográficos. Comparto un pan que me había preparado para el viaje y me agradece mirándome a los ojos y agradeciendo haciendo un gesto hacia el cielo con sus manos. Se sorprende de que lo escuche con atención y de mi amabilidad proviniendo de Santiago, según el. Me recomienda leer “filosofía elevada”, que investigue la obra de Ken Wilber, sus ideas se tropiezan al hablarme, sabe mucho, siente mucho también. En Zapahuira tomamos desayuno juntos, compartimos contactos para poder encontrarnos en algún otro momento y seguir conversando, nos despedimos afectuosamente, nuevo amigo.

Al llegar a Belén me alojo en uno de los galpones que antiguamente servían para almacenar el orégano que cultivaban. Ahora lo transformaron en piezas para que alojen los trabajadores que están de paso. Me dirijo a la escuela para seguir con las máscaras. Los niños se ponen felices de verme, yo también. Hoy pintamos sobre el trabajo que habíamos hecho en papel maché. Escuchamos música de todas partes del mundo, lo que más disfrutaron fue el funky carioca. Claudia pintó su felino de manera muy expresiva, Cristian y Eddie pintan de un color y luego sobre el mismo otro, les cuesta decidir. Carlitos hoy vino con su polera de Spiderman, lo único que quiere es reproducir ésa máscara pero con cachos: uno rojo otro blanco, idea fija.

Para mi suerte don Zacarías e Isabel me invitan a tomar once a su casa, conversamos viendo la novela. Quedamos en ir a ver a su yegua “Lucero” un día, caballo que heredó Isabel de su padre, aprovecho de preguntarle si me podrían abrir el museo de la  Iglesia de la Virgen de la Candelaria, la cual está restaurada como museo, Zacarías accede amablemente y me dice que mañana podría ser, que fuese temprano a buscarlo.

Camino por las calles vacías de Belén por la noche, sólo la luz de la luna y las estrellas.

El día siguiente Zacarías me abre las puertas de la hermosa e imponente Iglesia. Se cuenta de que se cerraron sus puertas ya que sucesos paranormales ocurrieron por el “mal uso” del espacio. Puedo sacar algunas fotos y saber más detalles de la historia de la misma. La mantienen cerrada porque en un tiempo comenzaron a morir personas sin razón. Ahora sólo usan la Iglesia de San Santiago. Nos da hambre, Zacarías me invita a almorzar, preparamos tallarines, me hace reír comparándolos con gusanos. Comemos fideos con atún salsa y tomates con un delicioso pebre de locoto, mientras la “Polola” me picoteaba los pies.

Es miércoles aprovecho de viajar a Tignamar en la micro, para seguir haciendo las máscaras con los niños del internado y preparar la salida a terreno. La chusca a veces no deja ver, se mete por todos lados, por todas partes.

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