MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Sequía y Movimientos. Montepatria, Coquimbo - 2019 Residente: Javier González Pesce
Publicado: 27 de febrero de 2020
9.

Se dice mucho que los jóvenes cortaron (o que están cortando) un estado de transferencia de experiencias, historias y maneras de entender la actividad humana. Habría una cultura trans-generacional que estaría siendo amenazada por una juventud que parece no ser conductora de la manera de vivir tradicional. Tal vez sea el internet, la tele, las películas, pero los jóvenes ya no son una continuación de quienes los procrearon en términos de una manera de ser y de vivir. Los jóvenes ya no reproducen las maneras de vivir, parecen querer una cosa distinta, una vida distinta. Se dice también que los jóvenes se van, que se mudan a Ovalle, la Serena, Coquimbo, incluso a Santiago. Los más viejos me advierten que nos vamos a quedar solos en el pueblo cuando se acaben las vacaciones. Que ahora los hijos están de visita, que andan con los nietos, pero cuando empiece el colegio me voy a quedar solo con los viejos. Antes se contaban historias, casi todas sobre el diablo, ahora se habla de otras cosas. Parece que el diablo abandonó el territorio junto con los relatos que las generaciones más jóvenes ya no traspasan a sus hijos. Los montepatrinos antiguos tienen historias con el diablo, se lo encontraban con forma de animal, como una guagua con dientes de oro o como al mismísimo diablo con cola y todo. De noche caminando a la casa después una junta con los amigos solía aparecer de las maneras más curiosas. Ahora ya no está más. Me parece a mi que el territorio se percibe en base a lo que se cree, los fenómenos emergen y los experimentamos en la medida que nos son imaginables. Los antiguos montepatrinos, influenciados por estas mitologías locales terminaban teniendo experiencias determinadas, fantásticas podríamos decir. Pasa como también sucede con la sequía, hay un flujo que ya no circula, ya no existe más, y su ausencia impacta en las maneras de vivir. Los relatos, las tradiciones orales son también un fluido que atraviesa el territorio y lo nutre. Las personas son el territorio que estos fluidos recorren, de esta manera constituyen una dimensión humana del territorio, son la topografía comunitaria.

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