MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

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Red Cultura
Residencia: Dispositivos de agitación comunal Castro, Los Lagos - 2019 Residente: Todo por la praxis
Publicado: 18 de octubre de 2019
Cierre de campaña Hablemos de acoso Callejero en Castro

Hasta el día 18 estamos recogiendo relatos de acoso callejero en puntos críticos de esta son los 6 relatos que aportaron a la campaña:

 

Relato 1 Me acosaron de noche mientras iba caminando desde la punta de diamante hacia Tenten. Tenia 17 años. Se acercó trotando un hombre en estado de ebriedad, yo iba escuchando música con audífonos y me percaté cuando estaba bastante cerca. Trató de tomarme y me alejé. Por suerte mi papa iba caminando unos metros mas atrás, cuando le gritó que se alejara el hombre se puso agresivo, pero luego se fue.

Incontables veces me han gritado en la calle; en el paradero fuera de mi casa es costumbre que me toquen la bocina o me griten, algunas veces han parado autos y me han ofrecido llevarme e insistido cuando les digo que prefiero ir en micro.

Relato 2 Relato anónimo de acoso en Castro: la primera vez que sufrí acoso tenía 9 años, salí sola a comprar al Beckna en esos tiempos por encargo de mi abuela y pasé afuera de un lugar donde hacen llaves por el hotel alerce, un hombre parado en la puerta de allí me dijo «que lindas piernas» con un tono morboso y me miró completa. Desde ese día no volví a usar vestidos sola en la calle. Esa fue la primera vez, después creo son incontables las veces que hombres mayores me acosaron durante mi infancia y adolescencia, haciendo alusión a mi cuerpo con un sentido sexual.

 

Relato 3 Cuando tenía 14 ó 15 años, por el 2012 subiendo por calle blanco hacia el paradero del Liceo Galvarino crucé miradas con un hombre que estaba en sus 50. No le tomé importancia y seguí caminando, iba super cargada porque había salido de ed física y tuve clases de artes, así que andaba con dos bolsos y una bolsa con materiales. Cuando crucé la calle Esmeralda el hombre se me había puesto al lado muy cerca, me había seguido y no paraba de mirarme y acercarse. Me asusté mucho así que aceleré el paso, me puse a llorar, no supe qué hacer. Lo dejé detrás de mí y podía sentir cómo me tironeaba la falda mientras intentaba caminar más rápido y perderlo. Recuerdo que sólo se me ocurrió meterme a un baño del Liceo, donde me agarró un ataque de pánico. Era invierno, así que estaba muy oscuro y tardé mucho en volver a salir a la calle.

No supe qué hacer, a quién avisarle, cómo reaccionar en el momento. Me dio vergüenza y miedo. No recuerdo alguna vez en la que en el liceo o en otro colegio nos hayan hablado de acoso.

En Castro es muy común el acoso, que te griten cosas, te toquen la bocina, que te silven. Sobretodo habiendo tantos camiones pasando, que tocan esas tremendas bocinas. Salir a tomar micro a la carretera es un momento en el que sabes te vas a tener que comer por lo menos un par de bocinazos. Sobretodo siendo escolar.

 

Relato 4 La primera vez que me acosaron, tenía 7 años estaba en el supermercado talcahuano con mi mamá, siempre iba corriendo a la balanza de pan a jugar con ella. Estaba en eso cuando un sujeto de 40 años o más, se me acercó y me abrazo de la cintura, recuerdo que me dijo: ¿Cuánto pesa tú mano?, yo no supe reaccionar y él se fue. Antes de eso ya había rosado su mano con mi trasero.

 

Relato 5 Tenía 12 años cuando conocí lo que es el acoso callejero, iba camino a clases de zumba con una vecina de mi edad, en el un camión de su trabajo, nos grito, nos silbó, nos tiró besos, y a mi me tocó, si esa también fue la primera vez que un total desconocido me tocó en la calle sin consentimiento, todo en  la cuesta de Gamboa muy cerca de dónde vivo; jamás he olvidado su cara.

 

Relato 6 Cuando estudiaba en el poli, a 3 cuadras quedaba el negocio de mis papás. Era de día y yo iba a almorzar. Iba en Calle Thompson, cuando desvíe la mirada y me corrí para evitar a un hombre en estado de ebriedad. Aún así, al pasar, el hombre se las arreglo para alcanzarme y apretar muy fuerte mi trasero. Con mucho susto me di vuelta para encararlo o decirle algo pero me quede muda porque el hombre además de ser un anciano, se estaba abriendo el cierre del pantalón, sacó su pene y lo azotó frente a mi riéndose. Yo tenía 15 años. Solo atiné a salir corriendo y llorar.

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