CONSEJO NACIONAL DE LA CULTURA Y LAS ARTES

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Memorias Lafkenche: imágenes y relatos de Toltén Toltén, La Araucanía - 2017 Residente: Colectivo Araya-Carrión
Publicado: 14 de Diciembre de 2017
Inauguración Mercadito Yikalay pu zomo Lafkenmapu

I

Desde que nos conocimos con Blanca, Marta y Janette en nuestro primer viaje de reconocimiento en el territorio de Toltén, estábamos en conocimiento del proyecto que estaban desarrollando entorno a la habilitación de un lugar para comercializar sus productos en el pueblo de Nueva Toltén. Este lugar, nos contaron, iba a ser no solo un punto de venta, sino que un lugar de revitalización para la Mesa de la Mujer Rural de Toltén,  y en especial para que las tradiciones culinarias lafkenche tuvieran un lugar para existir y acercarse al mundo chileno. Sabíamos desde un principio que este galpón se iba a inaugurar durante nuestra residencia, y que este mismo podría ser un lugar de encuentro para nuestro proyecto, pues iba precisamente en la línea no solo productiva; sino que vimos la posibilidad de contribuir al fortalecimiento político y afectivo de la Mesa, a partir de un énfasis en las tradiciones indígenas culturales y artísticas que practican las integrantes de la Mesa. Por eso, fortalecer estética y culturalmente este galpón respondió a una estrategia de visibilización indígena dentro del pueblo de Nueva Toltén, un pueblo que se piensa a sí mismo como chileno, tomando una distancia considerable del mundo indígena lafkenche. Desde aquí es que nace la posibilidad de pintar un mural con motivos tradicionales mapuche-lafkenche y campesinos, para generar un espacio de reconocimiento y de invitación para consumir, pero también para re-conocerse y conversar, ya que el galpón se encuentra a la entrada del pueblo, donde llegan todos los buses.

Todos nuestros encuentros colectivos fueron realizados en este galpón. Lugar que se convirtió en nuestro centro de operaciones, llegando incluso a tener una copia de la llave. El galpón se convirtió en parte importante de nuestro quehacer, de las conversaciones, comidas y trabajo, casi una protagonista más. Y en el último mes nuestro esfuerzo se vio volcado a limpiarlo, pintarlo, arreglarlo y activarlo. Para ya en  la última semana previa a la inauguración, nos dedicamos a cocinar, freír, amasar y fermentar, para recibir a todos los invitados con mucha dedicación y cariño.

II

El día 13 de diciembre, así como todos los otros días que realizamos los encuentros de conocimiento textil “trafkin kimvn”, llegamos muy temprano al galpón para recibir a las integrantes que llegaban de lejos. Tener el fuego y el mate preparado, junto con algo para comer resulta un asunto básico no solo de cortesía, sino que muy necesario para poder tener una jornada productiva, pues muchas viajan desde bastante lejos, tomando incluso 2 horas y media en llegar hasta el pueblo.

A medida que iban llegando las integrantes, se podía ver cómo iban tomando forma los preparativos para el día siguiente de la inauguración. Hicimos milcao con murtilla y con castañas, trufas de porotos y chocolate, catuto, zankvn mvrke y muchas otras cosas. Además de cocinar chancho, longanizas, pollo y muchas papas de diversas variedades de la zona. Realizamos arreglos florales, ordenamos el espacio y dispusimos las mesas para que dejaran espacio para un pequeño escenario para que el grupo folklórico “Peumayen” pudiera interpretar un par de canciones. La elegida para oficiar la ceremonia fue Ana Díaz, quien con mucho compromiso aceptó, a pesar de ser primera vez que oficiaba un evento, pero comentaba que lo entendía como parte de su compromiso con la Mesa.

Estuvimos todo el día preparando comida y arreglos para poder llegar al día siguiente un poco más relajadas para la inauguración. Fuimos de los últimos en irnos del galpón ese día. Aseguramos todo y anotamos las cosas que faltaban por comprar, y así poder terminar ciertos arreglos y preparaciones. Al otro día esperábamos más de 100 personas, incluidos el alcalde y todas las autoridades, además de las familias de las integrantes y algunos profesionales de INDAP, quienes fueron los responsables de ceder el comodato del galpón a la Mesa por cinco años.

III

A eso de las 12:30 del mediodía, comenzó la inauguración. Ana Díaz ofició de manera muy entusiasta la ceremonia, su timidez se fue desvaneciendo en medida que avanzó la jornada. Después de todas las oficialidades de un acto público, como himnos, saludos oficiales y unas breves palabras de bienvenida, pudimos escuchar a Peumayen y a una de las integrantes de la Mesa cantar “La joya del pacífico”, la señora Práxide.  Posterior a esto, el alcalde y el director de Indap dieron unas palabras de saludo para terminar con el poderoso discurso de Blanca González, la presidenta de la Mesa de la Mujer Rural de Toltén. Sin duda un discurso potente, cargado de autonomía, de denuncia contra el machismo, pero también, lleno de agradecimiento y emoción por el gran sueño concretado que se inauguró en esos momentos: el mercadito de la Mesa de la Mujer Rural: “Yikalay pu zomo Lafkenmapu” o mujeres lafkenche sin miedo.

Todo sucedió muy rápido. En cosa de una hora y media estaba inaugurado y nosotros corríamos de un lado para otro atendiendo, fotografiando, abrazando y saludando. No quedó nada de comida. Primera vez que sucedía esto, nos comentaron Nancy y Marta.

Luego de que se fueran todos los invitados nos quedamos a solas, en intimidad, pues  venía una comida especial para los cercanos y familiares de la Mesa. El plato elegido fue cerdo, papas, luche y cochayuyo, una preparación que la abuela de la señora Blanca le preparaba. Mientras terminábamos de comer, y conversábamos de repente la señora Blanca  nos llama frente a todas y todos los presentes para agradecernos y entregarnos una cesta llena de productos y regalos de la Mesa. Fue inevitable emocionarnos y quedar sin palabras, pues no lo esperábamos.  El sentido de compromiso y responsabilidad que sentimos con la Mesa nos hace olvidar que solo estamos un tiempo acá y que este regalo que nos entregaban marcaba tanto un hito afectivo de reciprocidad con nosotros, pero también marcaba el inicio de la etapa final de nuestra estadía. Por eso fue inevitable recibir los regalos con una dulce tristeza. Luego de eso, seguimos conversando y compartiendo hasta que se abriera una sesión extraordinaria de la Mesa, donde debían ponerse de acuerdo para los turnos de atención de público y cuidado del espacio. En esto estuvieron cerca de 2 horas. Debido a que nuestro bus salía ese mismo día, nos fuimos a buscar las maletas a la cabaña, para esperar el bus en el galpón mientras compartíamos con la Mesa, ya que el galpón está al frente del paradero.

A nuestro regreso al galpón no quedaba nadie. La señora Blanca nos llamó para decirnos que tuvieron que irse muy rápido pues les avisaron que no habría locomoción para Pocoyán, Camagüey y todo el sector rural alto. En un instante se consiguieron un bus que las fuera a dejar a todas, todo esto en los 30 minutos que nos demoramos en ir y volver.

Mientras hablábamos por teléfono, nos volvía a expresar su gratitud y que estaba ya ansiosa para que volviéramos con el libro que habíamos construido en conjunto.

Volvimos al galpón, con nuestra llave lo abrimos para encontrar todo limpio, lleno de productos, como si la inauguración habría sido hace un mes y recién se hubiera ido toda la gente. Nos sentamos con nuestras maletas a comernos el trozo de torta que nos guardaron mientras íbamos a buscar nuestras cosas a la cabaña. Dejamos entreabierto el galpón para poder escuchar el rugido del bus cuando llegase.

 

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