BitácoraResidencias de arte colaborativo

Residencia: Memorias Lafkenche: imágenes y relatos de Toltén Toltén, La Araucanía - 2017 Residente: Colectivo Catrileo+Carrión
Publicado: 26 de septiembre de 2017
Lellipun en Ruka de María Hortensia Lemún

Nos levantamos temprano para irnos desde Nueva Toltén hasta Rinconada de Pocoyan, a la comunidad Juan Lemun, dado que fuimos invitados por la Mesa de la Mujer Rural de Toltén para participar de un llellipun (rogativa) por la inauguración de la nueva ruka de la lamngen Hortensia Lemun. Durante el camino, fuimos bordeando el río Boldo atravesando diversos paisajes de la cordillera de la costa lafkenche. En el trayecto pequeños menoko vimos, con gran variedad de pájaros y plantas que crecen en los humedales. Pequeñas colinas donde el ganado pasta, cultivo de papas, largas extensiones de terrenos inundados creciendo sobre ellos junquillo, totora, michay, cardo negro. En nuestro primer viaje en julio habíamos recorrido otros humedales camino a la costa de Queule, no obstante, aquí el paisaje nos mostraba sus particularidades, atentos observamos el camino comprendiendo la belleza de los humedales y su diversidad. Frágiles ecosistemas pero tan abundantes en vida animal y vegetal. El ruido del río Boldo, se confundía con algunas monoplantaciones de pino y eucalipto, moviendo sus hojas como una gran marea verde.

Luego de recorrer quebradas y campo, logramos llegar a la ruka de Hortensia Lemun, quienes se encontraban haciendo un llellipun. La camioneta se estacionó en dirección al oriente, por lo que nos dimos la vuelta para no interrumpir tan solemne momento. Con premura nos acercamos e incluimos a la rogativa. El canto del Genpiñ pidiendo por la salud y fuerza de la comunidad, así como también por esta casa nueva para que nunca le falte nada. Pese a no conocer a muchas personas, nos sentimos muy bien acogidos. Durante la mañana, luego de la primera ceremonia, pudimos compartir con varias lamngen que son parte de la Mesa de la Mujer Rural y que viven en las cercanías de Pocoyan. Nos alegramos mucho de encontrarnos con la señora Marta asistiendo al Genpiñ lonko durante la ceremonia. Con un tímido saludo de su parte mientras calentaba el kultrun en el fuego, pudimos conversar un rato, hablamos de pewma (sueños), de pájaros y medicina. El olor del fogón se impregnó en nuestra ropa, nos convidaron mate y muday, mucha carne de cerdo ahumado, moltrün, yiwin poñi kofke (sopaipillas de papas), miñarki poñi (papa mojón de gato morada). Sobre esta última nos contaron sobre sus preparaciones y los diversos relatos que han recopilado de sus familias. Muchas de las lamngen nos dejaron invitados a sus casas para poder conversar y probar las diversas preparaciones de esta papa.

Entre el mate y las conversaciones, nos tocó contar de nuestra residencia, de nuestro sentir en Toltén. Hablamos sobre nuestras familias en Quillota y Curicó, sobre el sentirnos champurria pese a criarnos en contextos urbanos. Nuestras historias también se han tocado con estas instancias de sociabilidad lafkenche. Durante nuestra estadía hemos podido conocer y comprender más la importancia de los procesos de autorreconocimiento de nuestro pueblo mapuche, para hablar con determinación y claridad sobre las convicciones y anhelos, por eso levantar esta casa es abrir un espacio para el desarrollo y fortalecimiento del kimün y el mapuche rakiduam. Hortensia nos contó de sus conocimientos en el telar y de su rol como dirigenta de una asociación indígena. La memoria comenzó a reactivarse en tan honesta conversación. Inevitablemente se recordó el maremoto de 1960 que azotó a toda la costa de la zona. De cómo el agua entró y arrasó con todo, de cómo sus abuelos sobrevivieron.

Durante la ceremonia participamos del afafan y dimos vueltas sobre el rewe y toda la casa. Nunca habíamos presenciado un llellipun para una ruka recién hecha. Todos los de la comunidad y los invitados recorrimos la casa por dentro y por fuera, bailamos en la entrada abriendo paso a nuestra bienvenida al hogar de Hortensia.

En un momento, ella junto a un chachay de su comunidad dieron unas palabras de agradecimiento a las autoridades e invitados, fue bastante emotivo ese momento, puesto que pudimos comprender con cuánto esfuerzo habían logrado levantar este espacio, como parte de un proceso de revitalización y empoderamiento de su comunidad. Esta ruka no era solo una mera vivienda, sino más bien, un espacio donde la comunidad podría reunirse para compartir sus conocimientos.

Hortensia nos contó sobre su abuelo Juan Lemun, sobre cuando llegaron a estos lugares hace muchos años, de cómo el paisaje se ha mantenido pero a la vez la presencia de la industria forestal ha modificado sus vidas. Ante eso, decidimos no fotografiar ni documentar ni la ceremonia que duró todo el día, ni tampoco hacer ninguna entrevista. Sólo pusimos nuestra atención en documentar las cosas, en vivenciar y relacionarnos con la bienvenida de esta casa. El humo del fogón y la luz, las pequeñas cenizas que volaban en torno a la mesa, nuestras conversaciones y lazos que pudimos estrechar durante aquel día, los recordamos como un momento donde el tiempo tenía otro temple, donde nuestras vinculaciones se fraguaban en torno a la espontaneidad del compartir. Ya vendrán otros momentos donde aparecerá la entrevista y los relatos que han estado recopilando para nuestro proyecto colaborativo, porque creemos que lo colaborativo no basta con reunirse y hacer algo en conjunto, sino que la potencia de la colaboración es generar lazos y vínculos afectivos, que se cruzan con nuestras memorias, con instancias de diálogo, de contarnos nuestras vidas, de transparentar las intenciones y sentires. Por eso, agradecemos la visita a la ruka de Hortensia.

Con mucha emoción participamos de la plantación de varios árboles nativos para que crezcan cerca del rewe, para que les dé sombra en verano. Hortensia antes de finalizar la jornada dijo: “en esta ruka y árboles moriré algún día, me gustaría ser recordada en estos árboles que crecerán con newen, que se fortalecerán y fortalecerán el porvenir de nuestra comunidad”.

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