BitácoraResidencias de arte colaborativo

Residencia: Petrificando tiempo Putre - Socoroma, Arica y Parinacota - 2017 Residente: YY / Colectivo YACHACHINAKUY
Publicado: 21 de octubre de 2017
Gentilares

En la pre-cordillera nortina se les denominan gentilares a los abundantes sitios arqueológicos, un gentilar es un sitio sagrado. En los gentilares habitan los gentiles, seres de un tiempo antiguo, ancestrxs. Cuenta la historia popular que los gentiles, seres pequeños que no podían ver la luz del sol, construyeron sus casas de piedra con las puertas en dirección a la cordillera ya que pensaban que el sol salía desde el mar. En la primera madrugada el sol salió por la cordillera y todxs se derritieron, por lo que los gentilares quedaron abandonados físicamente, no obstante, la presencia de gentiles aún habita en aquellos sitios, especialmente de noche. Se cree que son pequeños porque las construcciones se ven bajitas por la acumulación de tierra y arena de miles de años, por eso, asocian los muros bajos de las antiguas casas con el hecho de que tienen que haber sido pequeños, por lo mismo se les relaciona también con los duendes.

No hemos conocido a nadie que no crea en gentiles y en el respeto que merecen como antepasadxs, esta creencia convive con historias de duendes que lloran como guaguas por las noches y succionan la energía de quien los vea. Gentiles y duendes conviven en un tiempo paralelo al presente, algunxs creen que los duendes son gentiles, otrxs afirman que son seres distintos, de cualquier forma, ambxs conviven en un plano diferente al nuestro, con diversas manifestaciones sobrenaturales.

Cuentan que un socoromeño subió solo al cerro Chatiza a visitar el gentilar en la cumbre y no hizo ceremonia (chalta), al bajar y volver a la ciudad comenzó a volverse loco, «hablaba incoherencias» dicen. Para salvarlo, tuvieron que sacrificar un cordero arriba del cerro a modo de ofrenda a los gentiles para recuperar el alma del vecino.

A partir de esta historia nos embarcamos al cerro Chatiza, un cerro dividido por dos cumbres, una femenina y otra masculina. La parte femenina es la más alta y donde está el sitio arqueológico más grande, está aprox. a 3.500 mts. de altura. Caminamos desde el pueblo junto al vecino YY unas 4 horas subiendo y bajando cerros, algunos con caminos y otros simplemente escalando, haciendo apachetas a ratos para recordar el trayecto de vuelta. Hicimos chalta en 3 puntos del camino hasta llegar a la cumbre y hacer la más importante para solicitar permiso a los gentiles para recorrer el sitio. El gentilar es enorme, desde la subida aparecen corrales redondos y ya arriba se ven muchas edificaciones de piedra de distintos tamaños,  algunas redondas, otras rectangulares, otras cuadradas y muy profundas hacia abajo, algunas subdivididas adentro como habitaciones. El vecino decía que este conjunto era un pueblo y que incluso tenía calles, por donde caminábamos, angostos pasajes entre las construcciones.

«Aquí vivían los gentiles que estaban solitos, los que no tenían familia, ves? ahí tenían la puerta de su casa.»  Vecino YY

Encontramos muchos trozos de cerámica que juntamos y luego volvimos a poner en su lugar, tantas historias de locuras por llevarse piezas sagradas nos conmovieron. Desde arriba, una vista en 360 grados hacia todas las montañas y cerros del sector, se veía incluso el volcán Tacora en la frontera con Perú y el cerro Milagros, lugar de peregrinación a 5.000 y tantos mts. de altura. Cuesta imaginar cómo habitaban allí antiguamente, cómo descendían por esa ladera empinada rocosa llena de cactus pequeños que saltan a tus pies, y cuáles serán las razones de haber decidido edificar allí específicamente. Es inevitable admitir que el lugar está cargado de una energía fuerte, entre la altura, la hazaña de subir y ver esa inmensa cantidad de piedras dispuestas, una clara organización arquitectónica y pétrea del espacio, nuevamente un lugar que contiene el tiempo en sí mismo, un tiempo detenido, como si la historia de los gentiles derretidos fuera posible, como si hubieran desaparecido de un momento a otro y dejado todo tal cual estaba hace miles de años.

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