MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Museo a Cielo Abierto Ercilla Ercilla, La Araucanía - 2019 Residente: Juan Francisco González Garrido
Publicado: 23 de febrero de 2020
Aukinko, el eco de todas nosotras

Llegamos hasta Ancapi Ñancucheo, a la sede del Taller Aukinko. Nos sentamos en ronda y nos presentamos. Conversamos sobre las posibilidades que tiene el cine para comunicar; también sobre la transmisión de conocimiento ancestral que sucede a través del telar.

 

Todo esto empezó cuando le contamos a la «tía Chemi» (Emilia para nosotrxs), que queríamos trabajar con un grupo de mujeres para charlar cosas que les pasan solo a ellas, resistencias ancestrales que conocen y practican; por lo que la tía Chemi no dudo en llevarnos con la Chela, la Clara, la María, la Maite, la tía Marta y la señora Rosa, lonko de la comunidad Ancapi Ñancucheo. Porque ellas llevan adelante este taller que comenzó la Rosa antes de ser lonko, cuando era dirigente política. Porque ella quería que las mujeres tuvieran su propia platita, no tuvieran que depender del marido.

 

La cuestión es que llegamos cuatro mujeres a la comunidad un miércoles a las 14.30, las delegadas del Museo a Cielo Abierto Ercilla, «las chicas que hacen videos». Fueron llegando a la sede del taller las mujeres que mencionaba más arriba, menos la señora Rosa que estaba muy enferma. Lo primero que hicimos fue ponernos a comer. Nos servimos bebida, tomamos mates, comimos una trenza que habíamos llevado nosotras y, por suerte, lo que llevaron ellas: mote, sopaipilla, una ensalada de huevo y atún, y unos ricos duraznos recién juntados de la planta. Después de comer, charlamos un montón y ese antiguo “ellas y nosotras” se comenzaba a desdibujar.

 

Ese proceso de charlar fue en una ronda en la que nos obligamos a presentarnos, y contar: ¿Qué hacemos?, ¿Por qué nos gusta hacer lo que hacemos?, ¿Qué podemos hacer juntas? La tía Marta, que hizo las sopaipillas, fue la única que llegó en horario. Es hermana de la señora Rosa y, si bien está bastante sorda, cuando le tocó hablar planteó lo que sería el núcleo temático del cortometraje, del telar, del museo a cielo abierto, de nuestro encuentro, de todo. Ella dijo que en el taller lo que se hace es mantener la cultura mapuche —del telar como práctica ancestral— a través de la transmisión oral de conocimiento de generación en generación, y del Mapudungun como lengua que recupera formas y tonos de esta resistencia.

 

Entonces, tejimos un plan para representar en un video juntas, la memoria cultural mapuche a través del proceso del telar y en mapudungun; la independencia económica que significa para estas mujeres producir su propio trabajo y la creación de un espacio de confianza y aprendizaje para la transmisión de sus raíces en la comuna de Ercilla. El cine apareció como herramienta para transmitir la batalla cultural que se da para dentro de las comunidades; el trabajo que realizan un grupo de mujeres de una comunidad mapuche de la comuna de Ercilla.

 

Una vez que las herramientas para la creación audiovisual estaban dispuestas, una vez que supimos para donde iba la película que íbamos a hacer —o más bien que queríamos hacer—, comimos más, tomamos más mate debajo de la parra a riesgo de quedar chuecas, conocimos a la señora Rosa que se empezó a “sanar para ésto” —dijera la María—. Y así, entre copucheo, purrun, epew, pu pewma, historias, lanas y cámaras, hicimos un corto que mostramos en la plaza del pueblo. El nombre se lo dieron ellas mismas, en sus palaras. Se llama: Aukinko, el eco de todas nosotras.

 

Paula Compagnucci

« Ir a residencia