MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Museo a Cielo Abierto Ercilla Ercilla, La Araucanía - 2019 Residente: Juan Francisco González Garrido
Publicado: 8 de febrero de 2020
Encuentro entre mujeres en Ancapi Ñancucheo

Ya es febrero y se cumplen 40 días de estancia en este territorio. Hemos vivido mañanas y tardes, almuerzos, paseos y reuniones, que nos han permitido conocer a múltiples mujeres de grandes historias en la Ercilla urbana. No han sido menos las que, en dichas instancias citadinas, nos han hablado de otras increíbles mujeres que habitan el campo, las comunidades. Nos hablan de una que investiga hierbas medicinales para la creación de productos autogestionados, también de otras que preparan alimentos con sello local. Hasta que un día, nos proponen entrar en contacto con las mujeres tejedoras del taller Aukinko, en una de las comunidades al interior de la comuna.

 

Es así como llegamos en camioneta hasta Ancapi Ñancucheo. Desde el vehículo, vemos la construcción en medio de un entorno agreste. Al bajarnos, nos encontramos con Chela, una de las representantes del taller. Nos invita a pasar a su espacio de trabajo, donde nos esperan algunas miembras del colectivo que pasan el calor de media tarde tomando jugo y conversando sobre cómo les ha tocado cuidar a los hombres de sus familias, entre tejidos de diversos colores, diseños y máquinas de coser. Antes de llegar, acordamos solo asistir las mujeres del proyecto, en símbolo de respeto a un espacio constituido solo por representantes del género.

Nos contaron sobre su trabajo, su trayectoria y las vicisitudes que han debido enfrentar para encontrarse hoy en un taller con baldosas, cielo raso y máquinas de coser nuevas alimentadas por la energía del sol. El financiamiento estatal ha sido fundamental para su desarrollo, pero aún esperan alcanzar grandes objetivos que guardan relación con sus sentires más profundos: raíces, cosmovisión y territorialidad. La migración campo-ciudad-campo ha sido una constante en la mayoría de las integrantes del taller, proceso a través del cual han sido testigos de la discriminación del sistema y los prejuicios. Por eso deciden agruparse, como medida de resistencia y autoafirmación. Para abordar sus raíces de la forma en que a ellas les parece, y desde el lugar que les hace sentido. Después de todo, el cemento, el ruido y el ritmo vertiginoso de la ciudad, a pesar de las buenas oportunidades que les acarrea para efectos de su negocio como tejedoras y fabricantes de artesanía local, representa la antítesis de todo lo que desde su nacimiento han conocido en las comunidades, que son también los elementos que dotan su trabajo de valor.

 

Nos dicen que su sueño es abrir el espacio del taller para darse a conocer y combatir la fuerte estigmatización. Les gustaría, en un futuro, ampliar el espacio en el cual hoy se emplaza el taller y ofrecer almuerzos tradicionales mapuche, para que las puedan visitar y conocer en un sentido más integral. Sentarse a compartir y vivir una jornada auténticamente mapuche. Creen poderosamente —y sus gestos y el brillo de sus ojos así lo delatan—, en que, a través de la experiencia completa, ciertos prejuicios basados en una mirada sesgada del mundo mapuche, puedan, lenta pero sostenidamente, derribarse.

 

Una tarde, unos dulces y unos mates compartidos bastaron para ponernos de acuerdo y grabar durante la semana siguiente un micro documental que pueda, de alguna manera, contribuir con algunas de estas inquietudes tan presentes en su diario vivir y desempeño laboral. Este fin de semana, crearemos un guión en conjunto y definiremos los roles durante el rodaje.

 

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