MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Cooperativa de relatos Cerro Mayaca - Centro Cultural Leopoldo Silva - Quillota , Valparaíso - 2018 Residente: Colectivo Escuela Documentales de Barrio
Publicado: 10 de diciembre de 2018
Deriva por el cerro salvaje

Hacía un calor asolador. Mati (11), Benja (14), Rodri (15), Tiare y Ashly (17), Amy (20), Camilo (23), Tanya (32), Floro y Mariana (33), y Lucho (45) nos encontramos en el almacén del Millo. Repartimos a cada uno una cámara de video, cámara de foto digital, análoga, grabadora de sonido, cuaderno y lápiz o croquis con carboncillo. Nos adentramos por un pasadizo de escaleras a la parte salvaje del Cerro Mayaca, en busca de su flora y fauna. Subimos junto al muro de sofás al revés. El Lucho nos explicó que ahí vive una familia de tapiceros. También nos fue contando qué arbustos y árboles llevan desde siempre acá, como los eucaliptos, y vimos dos enormes cadáveres de cerca de 20 metros de alto, que murieron porque les cortaron la corteza del metro para abajo: “como si te sacaran la piel, te morís”,explicó. Y nos mostró cuáles son más nuevos, como los Quillay que se plantaron en la reforestación de los años 60. Seguimos subiendo, grabando, fotografiando, pintando. El Rodri se lució con su bota de pie esguinzado. Ashly y Amy se entregaron al dibujo de detalles de vainas de espino y flor de cardo. Descansamos en un verdadero living que se escondía dentro de un enorme árbol donde se subió el Camilo filmándonos en picado con la GoPro que se amarró al pecho. Subimos junto al enorme resfalín de pastizal por donde se tiran los niños con cartón. Llegando a la calle, encontramos un majestuoso Guayacán florido, de los pocos que quedan por su exquisita madera. Sacamos una foto grupal con el Cerro La Campana de fondo. El Lucho se nos perdió. Lo pillamos arriba, en la virgen, grabando testimonios personales con la grabadora de sonido. Descansamos chupando la miel de la flor blanca de una planta pinchuda que nadie sabe cómo se llama.

Empezamos a bajar pasando por un grupo que montaba el árbol de luces navideñas en la cumbre. El sol se puso y de inmediato se puso helado. Le preguntamos a una vecina acerca de otra florcita que se le chupaba la miel. Tampoco sabía cómo se llamaba. Pasamos por la animita milagrosa de La Llorona, a cuyo hijo entrevistamos para el Portal de Memoria. Bajamos por los escalones de Mirador. Camilo pasó a buscar polerones a su casa justo antes de que anocheciera. Y llegamos a la casa de don Enrique para que nos enseñe a hacer perfume de espino. Sin embargo, al llevarlo al espino floreado, nos dijo que era otro el espino que servía, y que no estaba floreado ahora. Nos topamos con el dueño de este espino que nos dijo que nos escuchó en la radio y que tiene historias para contarnos que nadie conoce, sobre un cuerpo que desapareció del cementerio, y el dato de una vecina que también tiene relatos buenos. Tras entrevistarlo, decidimos dejar la base del cerro y el río para una próxima deriva, y sentarnos en la mesa de pin pon de Las Praderas a comernos la colación de papas fritas, galletas, y agua mineral. El Rodri se fue entre aplausos de admiración, por haber hecho todo con su bota. Las niñas se burlaron del nuevo corte de pelo del Camilo. La noche heló y nos despedimos emocionados.

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