Casi dos semanas estuvieron en la casa-taller nuestros amigues desobedientes Marcelo y Sebastián. Llegaron de Santiago y Viña hasta la villa. Otro territorio fue testigo del encuentro, el año pasado también fueron parte de la residencia que realizamos en Ñirehuao, nos volvemos a reunir para darnos cariño y colaborarnos.
Al día siguiente de la llegada, nos vinieron a buscar para ir a la marisca y con la camioneta llena partimos a Munición. Winston al volante, Carmen de copiloto, Gabi, Fran, seba, Marcelo y yo atrás.
Somos afortunados, les amigues nos invitan a compartir una recolección y a conocer paisajes impresionantes. La playa recogida nos provoca todo. Y más la buena voluntad de nuestros amigos que nos llevan a recorrer los alrededores de la villa.
Durante los días que siguieron continuamos con las actividades de la semana, entre el Centro de Madres, las juntas con Yeya y Loly y las idas a Punta Arenas para comprar víveres y materiales.
Sebastián quiso intervenir uno de los encuentros en el Centro de Madres. Nos entregamos al despertar corporal, confiamos en la ronda y activamos desde el movimiento para conectarnos, jugamos para dar espacio al diálogo.
Después de mover la cuerpa, afloraron vivencias, cada una contó algo de su vida y se creó un espacio íntimo, que quizás ya existía entre las mujeres que se conocen hace años, pero para nosotres fue algo nuevo.
En casa no termina el laburo y apenas regresamos, Marcelo se pone de lleno a armar los planos de la construcción del refugio “Interconexiones desde Punta Delgada”. Es de gran ayuda para nosotras, así vamos visualizando el trabajo, organizando gastos y gestionando el proceso.
Trabajar con amigues siempre es un placer, dar espacio y cabida a la colaboración sincera y comprometida.