MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Nuestro lugar de paso Colchane, Tarapacá - 2018 Residente: Francisca Jara (Valdivia, 1988)
Publicado: 4 de enero de 2019
Analogía Ch`uru

Entre los diversos estilos, técnicas y formatos de la tradición textil Aymara, se encuentra la faja ch`uru. Este tipo de faja, tiene la particularidad de ser realizada en exterior, inspirada por el entorno para su creación, y albergar emociones hacia quien será el portador de la misma. Es lo más parecido a un dibujo e incluso retrato, dentro de las labores que realizan las artesanas, según sus propias palabras. Además, aunque muchas veces se hacen por encargo, también tienden a elaborarse desde la lógica del regalo, optando por los colores y preferencias de la persona que la recibirá.

De acuerdo a lo que me comentaba hace tiempo una tía de la agrupación Aymar Warmi (quien prefiere que no la nombre en las bitácoras), ch`uru también representa lo plural, lo cultural, y el mundo de los antepasados. La “unión de cosas distintas” en un todo, sin necesariamente mezclarse; la contención, protección de lo dinámico y lo diverso.

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A partir de este concepto que recordé durante mi paso forzado por Iquique (por falta de alimentos durante el feriado de año nuevo), me dediqué a leer algunos textos, y pensar en cómo se articulaba la vida y dinámicas sociales de Colchane, también el proceso de la residencia y lo logrado hasta ahora.

Entones me di cuenta que las líneas aparentemente divergentes de las experiencias y material recopilado, las actividades interrumpidas y los cambios, habían construido una trama, que no sólo estaba unida por surgir desde un territorio común, sino por portar diversas historias y emociones, principalmente en el ánimo de regalarlas a otros, como una gran faja ch`uru.

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El taller de fotografía, la colaboración con las Aymar Warmi, la experiencia en frontera, y los demás miembros de la comunidad interesados en trabajar dentro del proyecto, comparten la misma necesidad de hablar sobre el territorio con un otro, abordando sus diversas facetas y capas de significación. Algunos por medio de imágenes, otros a través de textos, o un encuentro y una conversación.

Lo relevante en todo esto es entender que para ellos justamente esta conversación uno a uno, ese interés de un otro por escuchar su voz y traspasarla, era lo más significativo. El acto comunicativo y relacional. Por esto, ya no importa no haber intervenido la plaza, o que no lográramos hacer un libro sobre hierbas o fotografías.

En un principio pensé que el desafío era evidenciar los valores culturales presentes en la localidad de Colchane, sin embargo ahora lo veo diferente. Siento que ya no tengo que cumplir con los objetivos trazados al inicio de este proyecto, sino volcar mi energía a seguir escuchando y conectando experiencias con quien esté dispuesto a recibirme, y a escuchar a otros también.

Creo que ahora tiene mucho más sentido el considerarme un agente de intercambio y conexión, como ya lo expuse en bitácoras pasadas.

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Teniendo todo lo anterior en cuenta, en el ámbito de lo concreto aún tengo que decidir cómo hacer que estas voces que me entregan sus conocimientos y emociones a diario, puedan pasar a través de mí y seguir su camino conectando con las de otras personas, utilizando los recursos que tengo a disposición.

Esta idea que además proviene de las conversaciones con algunas mujeres de Aymar Warmi, quienes me instaron a seguir desarrollándola, es la razón por la cual finalmente decidí extender mi tiempo de residencia hasta fines de enero. Creo necesario un poco más de tiempo para alcanzar a madurarla en conjunto con quienes antes y a partir de ahora, se unen en esta trama dialógica y relacional en construcción.

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