MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Aire, mar y tierra Colmuyao - Cobquecura, Ñuble - 2018 Residente: Enrique Flores
Publicado: 23 de enero de 2019
Entre ponche y huevos azules

Ahora que estamos en Santiago se hace difícil rememorar el acto final que se llevó a cabo hace tan solo 4 días. La vuelta ha sido un poco difícil, seguimos cansados y cuesta reconectarse con las cosas que uno dejó para partir hacia allá, nuestras vidas han cambiado, llegamos y tuvimos que vender nuestro querido auto que nos  facilitó todo. Ahora vemos con algo de distancia todas las gestiones que se realizaron esos días para lograr que todo saliera como queríamos, o como en realidad necesitábamos que resultara, porque hasta cierto punto las expectativas de las personas de Colmuyao empezaron a inundar el territorio referente a la plazoleta.

Si bien la construcción de los monumentos ya había sido concluida, las terminaciones y procesos de embellecimiento fueron aumentando a medida que quedaba menos tiempo para la inauguración. No sabemos si fue por el hecho de que en realidad hacíamos lo que decíamos que íbamos a hacer o si el entusiasmo de los integrantes de la comunidad había estado embotellado durante tanto tiempo que hubo un minuto en donde tuvimos que dejar de recibir sugerencias y propuestas para la plaza, porque no había ni cuerpo ni presupuesto que aguantara. Nuevamente la frase tan escuchada durante los tres meses de residencia  apareció: En pedir no hay engaño. Y bueno, es que así fue como se consiguió la luminaria pública para la plaza. Un foco que funciona con panel solar. Porque las personas, a medida que nos topábamos con ellos en la calle o en la misma plazoleta cuando íbamos a trabajar, nos decían: aquí podría haber iluminación, era casi como una obligación o una forma de ponernos condiciones para trabajar con nosotros. Lo bueno es que la Municipalidad ya se había comprometido en llevar el farol, lo hizo, pero hasta el mismo día de la inauguración y sin funcionar. Ya sabíamos por el proceso de construcción, que las actividades municipales tardan más de lo que uno se puede imaginar.

Nosotros seguíamos haciendo los preparativos necesarios para realizar la celebración de inauguración, a la cual como en todas las otras oportunidades, no sabíamos la cantidad de gente que llegaría. Como era una ocasión especial, compramos panes de distintos sabores y longanizas que desde temprano empezamos a cocinar para que estuvieran listas para el momento de llevarlas a la mesa para compartir.

En medio de eso nos avisaron que la SEREMI de Chillán iba en camino a conocer la plazoleta y lo que habíamos levantado ahí. Partimos y nos reunimos con ella. Ella no conocía Colmuyao y aprovechó de conocer el lugar. En una conversación más o menos corta, nos decía que le veía potencial a la plaza, de postular algún fondo y ponerle árboles, juegos, basureros, etc. Junto con ella venía Marlene, a quien ya conocíamos, y una periodista encargada de comunicaciones, a quienes les contamos sobre el proceso de la residencia, sobre los habitantes de Colmuyao y el proceso de trabajo que se había realizado para sacar adelante ese espacio que antes era un basural. El momento tenso se vivió cuando la encargada de comunicaciones nos hizo objeciones sobre el término “monumento”, ya que para ella, lo que estaba ahí no era la representación de algo conmemorativo. En una corta discusión que para nosotros ya no tenía mucho sentido, cerramos el tema diciendo que los títulos son libres y que comenzar a censurar o apropiarse palabras nos parecía incorrecto considerando que lo que nosotros  estábamos haciendo era un trabajo artístico desde la comunidad. Conversamos un poco más con la SEREMI, que nos manifestó que estaba contenta que se lograra habilitar  una  plaza, no se hizo partícipe de la discusión respecto al tema de “monumento”, poco después partió hacia San Fabián, en el todo terreno con logo estatal,  llevándose al resto de su equipo con ella.

Llegó el equipo de la Municipalidad y varias personas se bajaron de la camioneta blanca comenzando a montar una escena que contaba con banderines con el nombre del pueblo impreso en colores, micrófono, parlantes y generadores, todo un pequeño despliegue escenográfico para realizar la ceremonia en donde hablaría el Alcalde. Se sumó a esta coreografía el carro de bomberos que llegó a tirar agua a la plaza para asentar la última tierra que habían puesto en los neumáticos con plantas, y a refrescar el terreno un poco ya que hacía mucho calor. Entre medio también apareció el muralista que había estado pintando desde el día anterior un mural detrás del paredón con el nombre del pueblo. Una colorida trucha saltarina que saludaba desde atrás, todo en un estilo que las personas del pueblo ya conocían, ya que se había apropiado de otras paredes en el interior de Colmuyao. Y así veíamos como todas las personas ahí reunidas movían cosas de un lado para otro haciéndose parte del trabajo para lograr tener todo listo para la inauguración. Se sumó también un equipo de la Junta de Vecinos, que llegó con las mesas para poner la comida y de a poco fue llegando gente con bandejas que ponían sobre las mesas recién instaladas. Ahí fue cuando nosotros también partimos a buscar nuestros aportes para volver rápidamente a terminar las coordinaciones necesarias con los equipos de personas que estaban trabajando.

Cuando volvimos, ya se notaba una importante cantidad de personas reunidas, algunas sentadas en los escalones del almud y otros parados mirando un poco a lo lejos cómo las personas seguían haciendo arreglos en el lugar. En ese minuto llegó el Alcalde, quien se bajó del auto haciendo gestos con la mano, saludando a las personas que felices se abalanzaron sobre él. Como si hubieran visto a un santo, se escuchaba cómo había señoras que decían: “hace tanto que no lo veíamos por acá” y como buen político de pueblo comenzó a saludar a las personas por su nombre, a cada uno un comentario, y luego a sentarse en las sillas que habían sido dispuestas frente al micrófono. Ahí comenzó la ceremonia.

El encargado de comunicaciones de la municipalidad hizo de animador y comenzó a hablar. Hizo una presentación sobre el programa de residencias, sobre Colmuyao y las abundancias de su tierra. Le dio entonces el paso a Marlene para hablar sobre el programa Red Cultura, y posteriormente habló el Alcalde, quien habló sobre  temas del Municipio de Cobquecura, de Colmuyao y sus bondades. Decía que se había reconectado con el significado original del nombre del pueblo (“almud colmado”) a través del monumento levantado, ya que él también tenía entendido, al igual que los niños, que significaba “caracoles rojos”. En un discurso en el que se hicieron promesas de juegos, luminaria que prendiera de verdad y la mítica carretera que comunicaría con Dichato, hizo un cierre y dio paso a que un Diácono bendijera la plaza y el monumento. Voló agua bendita a la tierra y a la piedra laja que cubría el almud, al mural y a los niños que miraban a ese hombre impactados. Cerrado esto, finalmente hablamos nosotros, dimos las gracias a quienes nos habían ayudado y conminamos a las personas a que cuidaran el espacio y que lo sacaran adelante, que se apoderaran del lugar y que reforzaran la acción comunitaria en el pueblo, en todos estos discursos faltó una persona muy importante para Colmuyao y para lo que fue nuestra residencia y resultado, era Bernardo Fuentes, presidente de la Junta de Vecinos, que no fue considerado en la inauguración y no se le dio la oportunidad de hablarle a su  propia comunidad, esto fue un desaire, porque el presidente de la Junta de Vecinos es de un partido político distinto al del alcalde.

Finalmente se inició la celebración final. Sacando los paños que tapaban las bandejas, se descubrían pancitos con huevo, galletas, ponche, tortilla de rescoldo, frutillas y muchas otras cosas ricas que las personas llevaron para compartir entre todos. Los encargados municipales fueron los primeros en empezar a pelar las cáscaras de los huevos azules cocidos, y de a poco las personas también se entusiasmaron y se armó una convivencia muy entretenida. Los niños corrían de un lado a otro y las personas se nos acercaban de a uno para hablar sobre la plaza y agradecernos por lo que habíamos hecho.

Por un lado se agrupaban los hombres vaso en mano, y las mujeres se reunían cerca del almud  conversando mientras los niños corrían al rededor. El grupo municipal también se agrupó en otro lado de la plaza y el alcalde recibía la comida que las mujeres le acercaban. Cuando ya llevábamos una hora así, los equipos municipales comenzaron a partir de vuelta rumbo a Cobquecura, y poco después partió también el alcalde, quien se despidió uno por uno de las personas que estaban ahí, sin dejar atrás las fotos con los más entusiastas.

Habiendo partido la camioneta, sacaron otro bidón más de vino y apareció un pequeño parlante para poner música. Se armó una segunda celebración. Y así fue como esta versión extendida duró hasta altas horas de la noche, en donde las personas daban ideas sobre cómo mejorar la plaza y se decían bromas entre ellos, demostrando que esta no sólo había sido la inauguración de un monumento, sino que también fue una reunión, una verdadera fiesta, que las personas no tenían desde hacía quizás años y se hacía evidente que estaban felices de poder reunirse y celebrar lo que fuera. Fue tanto el ánimo, que de la nada apareció  desde el cielo un dron, que sacaba fotos aéreas del evento, esto fue iniciativa de un Colmuyano que  se había ido a vivir a Chillan, pero que por esos días se encontraba en su tierra. En realidad nunca habíamos visto tantas personas juntas en Colmuyao, creemos que hace mucho tiempo no deben haberse visto reunidos así tampoco. Independiente del trabajo mismo que realizamos, creemos que lo mejor de todo fue que las personas se deben haber dado cuenta de la importancia de reunirse en torno a lo que sea y simplemente pasarlo bien. Diferente a otras oportunidades, acá hombres y mujeres estaban juntos y revueltos, bailando y compartiendo. Y es que además es algo en lo que ellos tuvieron directa incidencia, ya que sus decisiones se vieron materializadas en eso por lo que estábamos reunidos en primer lugar. A pesar de que estas últimas semanas todo fue cuesta arriba porque tuvimos que sobreponernos a diferentes dificultades tanto en la obra, como con las personas, fue liberador ver que finalmente el proceso que concluimos terminó bien. Esperamos eso sí, que las personas de Colmuyao no se acostumbren a que llegue “gente de afuera” para que las cosas cambien, sino que también deben tomar responsabilidad en los procesos que refieren a su entorno, sus vidas, y lo que desean que pase en ellas.

Colmuyao, un lugar lleno de contradicciones, logró ponerse de acuerdo en algo, hacer que sucediera, y ahora deben cuidarlo. Volveremos en marzo a ver cómo va todo y a intentar que los niños también le tomen el peso a ese nuevo lugar.

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