MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Playa/Plaza_2020 Cecrea - Valdivia, Los Ríos - 2019 Residente: Mariana Catalina Carrasco Ruiz
Publicado: 10 de enero de 2020
Guadalafken

Los perros al sacudirse así como lo hacen se quitan de encima casi toda el agua que tienen en el  pelaje y quedan sequitos sequitos nos comentó la casera. Lo mismo hace nuestro espíritu mapochinx ahora que el sol nos visita para partir Guadalafken arriba con mochilas al hombro y guagua colgada. Llevamos un par de imágenes con mapas de 1643 que anhelamos nos sirvan como turistel de la hidrográfica prehispánica y un dato curioso relativo a la nunca bien ponderada conquista: Nos enteramos por un amigo del alma que el Calle Calle antes de la invasión  española era llamado Guadalafken pero luego cambia su nombre por el que ya sabemos porque  la Libertia Chilensis es la flor que vive a lo largo de su ribera y era llamada kalle kalle o tequel tequel por lxs Huilliche. De ahí que la alteridad hace su refundación toponímica de esta manera tan original, sin embargo, la dimensión hermosa y desconocida por los imaginativos conquistadores es que esta poderosa planta una vez secada al sol y raspadas sus raíces era ingerida como un polvo expectorante, vomitivo y purgante que expulsaba la cólera y disentería de lxs cuerpxs huilliche para salvarse a sí mismxs de las pestes coloniales. Fin del dato. Ingenuidad grande la nuestra, error de capa 8 o nos faltó leer cartografía for dummies porque ahí donde estábamos paradxs el mapa no servía ni la Libertia se dejaba ver. Lo cierto es que la costanera toda galana se lucía como zapatito de charol con esa sofisticada capa de cimentación europea trazada hace siglos por españoles primero, alemanes después, y terminada de emperifollar el invierno pasado. Lejos del centro eso sí los palos de la orilla, las flores y cogollos silvestres, el musgo, los ramales, arbustos y espinas que se toman el camino nos exigían imaginar el tiempo de la otra soberanía.

 

La línea del tren aparece y desaparece entre medio del bosque a unos metros no más de la línea del  río, el camino no tiene más ancho así que la huella entre ambas nos da dirección obligada. Saltamos durmiente por medio y tomamos distancia entre los rieles, pa donde llevará cuál será el pique así vamos divagando cuando al entrar en territorio collicano nos encontramos con los molinos de la Kuntsmann donde se muele la harina Collico o entiéndase aquí el último bastión visible de la empresa familiar germana con rotulado rústico de tradición local. Le sacamos un par de fotos a la empresa al estilo del inspector metete porque recordamos aquellas sospechas que levantaba una vecina sobre la contaminación de las aguas con cantidades industriales de caca. Afuera un par de obreros de la fábrica con todo el aparataje encima se fumaban un pucho bien reposados así que les preguntamos para dónde lleva la línea. Pa Santiago si usted quiere pero hace años que ya no se usa el tren, puro turístico no más.  Pasadito de ahí un bombero en la puerta de la 1° Compañía nos continuó la historia del ramal que iba de Valdivia hasta Antilhue y con conexión al Ferrocarril Central que recorría 8883 km de vía férrea de sur a norte. Luego de morir el transporte de pasajeros y carga el ramal pasó a ser la actividad de domingo de lxs valdivianxs que pagaban un pasaje popular para llegar al interior y comerse una cosita, ahora la ‘gracia sale ocho o diez lucas porque pasó a concesión de privados así que solo para los turistas paltones, una lástima porque ya nadie lo usa dice el bombero. El tema nos derivó en la privatización de la vida, de la vejez, de las aguas de cuánta cosa que hablamos con el sol en la nuca. La conversa alertó nuestras vías respiratorias recordándonos la seña de la semana que nos dijo es viernes y tu cuerpx lo sabe. Dentro de las mochilas llevábamos las mascarillas sospechando que el ritual del quinto día era un hábito insurgente ya instalado en todo este mal llamado país. De cualquier forma estábamos ya al final del camino y era temprano todavía así que había tiempo para encontrar la marcha.

 

Nina se bañó a poto pelado a la orilla del río junto a un par de otrxs niñxs que también corrían piluchxs por la playa. Después de esos días de lluvia intensa la gente en la arena se veía expansiva o como queriendo guardar  en la piel reservas de felicidad. Estábamos en esa misma práctica cuando pactamos junto a la Milena que ése sería el origen de nuestra colaboración y el lugar de trabajo. Llueva truene o nieve eso para nosotrxs no es impedimento, la playa puede ser nuestra sede chiquillxs no se preocupen ahí vemos cómo protegemos los equipos nos dijo. En un par de horas esbozamos cómo sería nuestro primer encuentro por la recuperación de la playa con lxs cabrxs de Collico fechándolo para el mismo día y en el mismo Guadalafquen, esperando que el sol nos guiñara de igual forma de aquí a la semana siguiente. En el paradero mientras subíamos a la 1 el tiempo zaz diligenció su presencia y la libreta mental se llenó de cosas por hacer.

 

Con too sino pa ke.

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