MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Por las vías del tren Caldera, Atacama - 2018 Residente: Sebastián Vidal Campos
Publicado: 17 de abril de 2019
Como un ruido de olas en una playa desierta

Presentación de Cápsulas, Entrega de Fanzines, Devolución a la Comunidad y Cierre Definitivo de nuestra Residencia en Caldera.

Llegó el día del cierre definitivo de nuestra residencia, y por la forma en que vivimos este largo proceso, es probable que con el tiempo sigamos reflexionando y sacando muchas más cosas en limpio, tanto a nuestro favor como en contra.

La convocatoria a esta instancia fue positiva. Se podría decir que poco más de la mitad de las personas que fueron (de algún modo) parte del proceso estuvieron presentes. Mucho más de lo que me esperaba. Alrededor de 8 miembros de la Agrupación Tripanko estuvieron haciendo barra desde las butacas, esperando ansiosos ver la cápsula que habíamos grabado, un miembro de MDU Sindicate se hizo presente (pero ninguno de los que lideró el proceso de realización del Mural, lamentablemente), el grupo de mujeres representantes de Reencarnación Colectiva, con quienes realizamos la que considero fue la cápsula audiovisual más colaborativa, y casi la totalidad de miembros de la Fundación Te Falta Calle con quienes, individual y colectivamente, compartimos distintos procesos de retroalimentación y aprendizaje.

También estuvieron junto a nosotros nuestros más fieles colaboradores y aliados durante la residencia: nuestros amigos Marylita y Jaime junto a su familia, y nuestra querida Anita María junto a su hija. Nos acompañaron mis familiares que actualmente residen en Caldera. Asistieron además representantes del Programa Red Cultura y algunos funcionarios del Departamento de Cultura del Municipio de Caldera. Incluso contamos con miembros de la Prensa local, quienes se mostraron muy interiorizados en el trabajo llevado a cabo. Hecho que me pareció bastante peculiar, pues nosotros no realizamos ninguna convocatoria y salvo las jornadas radiales de rock, difundimos muy poco el trabajo que estábamos desempeñando.

En la jornada, que realizamos en el Centro Cultural Estación mostramos las cápsulas audiovisuales: “Morenada frente al mar”; “El diablo”; “Que no te falte calle”; “Resonancia magnética” y “Pie de Cueca” e hicimos entrega física de los Fanzines: “Changas Subversivas” y “Mujeres que se miran”.  En lo personal, si tuviera que evaluar cada uno de estos productos desde la vereda de la realización colectiva, convendría en que por lejos, el mejor proceso de colaboración estuvo dado por el Fanzine “Mujeres que se miran”, el que a su vez fue para mí el resultado más hermoso y honesto a lo largo de todo el proyecto.

Durante la jornada, la mayoría de los asistentes tuvo una palabra positiva para todo el trabajo realizado. Tras bambalinas los escuché disfrutar de las cápsulas al punto de reír, y en otros casos (más puntualmente en el trabajo titulado “Resonancia Magnética”)  pude presenciar un silencio prolongado y tuve la impresión de que quizá hacían una reflexión más íntima de lo que las imágenes les estaban mostrando. Yo estuve gran parte de la jornada detrás de los controles, en parte por una cosa operativa (porque el sonidista del municipio tenía compromisos familiares que atender) y en parte por el temor a las reacciones del público (poco más de 40  personas). Sin embargo, cuando me tocó decir unas palabras, solo puse tilde en lo mismo que quiero señalar en esta última bitácora. Porque si debo destacar en una frase lo que es la esencia de un trabajo de Arte Colaborativo es preciso decir “Mujeres que se miran”. Aurora seguramente detalló cómo fue parte de su proceso de creación colectiva junto a este grupo de hermosas mujeres de la localidad, y cómo fue capaz de llegar a entablar una relación de tanta estrechez y confianza para finalmente, resultar en el fanzine que los asistentes a la jornada pudieron llevarse.

Es difícil cerrar esta entrada. La verdad no sabría cómo traducir estos casi seis meses, desde que llegué al territorio. O incluso antes, cuando me tocó visitarlo por primera vez, durante el invierno pasado. Quisiera ser breve, pero las alrededor de sesenta carillas que llené en esta bitácora dan cuenta de que lo mío no es precisamente el resumen o la síntesis. Pero ya es tiempo de ir cerrando ciclos, y a pesar de la crítica severa que hago hacia mi mismo, debo agradecer por este tiempo de aprendizaje y crecimiento. Porque sé que pasado el tiempo voy a mirar para atrás y voy a valorar todo este proceso como una experiencia positiva en mi vida. Por ello aprovecho el impulso y doy paso a los agradecimientos:

A Marylita y Jaime, porque nos abrieron las puertas de su casa y nos brindaron su gran amistad. Quisiera decir más acerca de ellos y de sus maravillosos hijos: la Sofía y el Renato, y dedicarles un apartado completo, pero resumiré todo en la conexión metafísica que surgió desde un inicio entre nosotros y el hombre de camisa a cuadros que observaba a un niño temeroso y paliducho. También quiero agradecer a Anita María, quien además de su amistad, nos brindó un constante apoyo en cada una de las actividades y reuniones que lideramos, y porque terminó convirtiéndose en un actor clave durante todo este proceso. Tampoco puedo dejar fuera a la Jenny, nuestra campeona regional, profesora de cueca y gran amiga, quien también fue un importante aliado y apoyo durante toda nuestra estadía en Caldera. Mujer divinamente complicada a la que aprendimos a querer un montón y a la que voy a permitirme extrañar hasta un nuevo encuentro. Agradezco también a Nelson, Seba Zúñiga, Ale Monroy, la tía Marta, Marcos y la Negra (mención especial a su hijo Renato, tan fanático como yo a su edad de las “Tortugas Ninja”), quienes como miembros de la Fundación Te Falta Calle, acompañaron y fueron una parte importante de nuestra residencia. En paralelo, doy gracias a José Alfaro y Sibila Reyes, miembros de MDU Sindicate, quienes nos colaboraron aportando el espacio de su sede y compartiendo con nosotros distintas reflexiones y aprendizajes. Como no pretendo dejar de lado a nadie, debo agradecer a Cherry, con quien pasamos un momento complicado hacia finales de diciembre, debido al accidente que tuvo su pequeña Zarité, pero que aun así tuvo ganas y energía de seguir trabajando y formando parte del proyecto que levantamos en conjunto. Aprovecho de agradecer a la distancia a Juan David (el padre de Zarité) y a las poetisas Extinta y Luz Luque, con quienes pudimos materializar, junto a Cherry y Ale Monroy, un bello e íntimo trabajo audiovisual titulado “Resonancia Magnética”. Continúo esta cadena final de agradecimientos haciendo mención especial a la Agrupación de baile Tripanko, de quienes el equipo completo se convirtió en seguidor. Este grupo de muchachos irradian cariño, amistad, compañerismo y alegría por lo que hacen. Es verdad que muchos visten de diablos y bailan morenadas, sayas y caporal, pero estos jóvenes, junto a sus comprometidas tutoras Marysol y Teresa, llenaron de colorido y magia la parte final de nuestro proyecto. Y pese a que pudimos haber hecho muchas más cosas juntos, ellos y ellas nos demostraron un infinito y honesto agradecimiento. También, pese a que solo compartí con ellas al inicio de la residencia, es preciso agradecer a todas las mujeres del Centro de Madres La Paz, a quienes ya dediqué una entrada agradeciéndoles por el cariño que me brindaron durante las semanas que tuvimos la posibilidad de compartir. Hacia el final, también quiero agradecer a Katherine y Evelyn (funcionarias Red Cultura) por el apoyo y respaldo que me brindaron, a pesar de las dificultades que tuvo el proceso. A Alejandra Guajardo, Encargada de Cultura de la Municipalidad de Caldera, por invitarnos a participar a las actividades del Municipio y por apoyarnos en ciertas instancias donde necesitamos de su colaboración. A Erika, funcionaria del Centro Integral de la Mujer, por la posibilidad que me dio de participar en una Capacitación sobre violencia y temas de Igualdad y Equidad de Género. Y, por supuesto, agradecer a Ariel y Daniela (Profesionales Servicio País) por abrirnos las puertas a su intervención, facilitándonos la posibilidad de establecer un vínculo más cercano con las comunidades. Ya casi finalizando esta entrada de cierre, quiero agradecer a mis familiares calderinos: mis abuelos, mi sobrina y mis tíos, por su constante preocupación y porque mientras estuve solo en Caldera, llegaban a desesperarme por la excesiva atención que me brindaban. Finalmente agradezco a José Rojas, mi compañero y amigo, por apañar (a su manera) en todo este difícil proceso que llevamos a cabo, y por supuesto a Aurora Rojas, mi compañera en esta dura batalla que nos tocó frente al mar, en un puerto de días tan tranquilos como un ruido de olas en una playa desierta.

Bitácora de la residencia
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