MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

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Red Cultura
Residencia: Por las vías del tren Caldera, Atacama - 2018 Residente: Sebastián Vidal Campos
Publicado: 2 de marzo de 2019
Reencarnación Colectiva, y un poema que se escribió entre los escombros del paso del tiempo.

Hace poco regresamos del sur, de la celebración de los 50 años de casados de un par de viejos que me acogió durante casi tres años en la ciudad de Puerto Natales. De vuelta en Caldera, yo pensé que ya no tendríamos que grabar más cosas, pues antes de viajar fuimos enfáticos con las fechas y tratamos de dejar todo el material perteneciente a las cápsulas filmado, arguyendo que ya nos quedaba poco tiempo en Caldera. Pero Cherry y Alejandra (Te falta Calle) me enviaron un audio con un poema de Luz (una poeta de nacionalidad peruana residente en Caldera) que ellas estaban musicalizando con la ayuda de Nicole (otra poeta local) y Juan David, un músico de origen colombiano que estaba de paso por Chile. Me gustó lo que escuchamos, y yo lo interpreté como una mezcla entre rabia, desolación, calma y angustia frente al paso del tiempo. El interés y avance del grupo era tal, que no nos quedó otra que hacernos el tiempo y asumir que se vendría una nueva jornada de grabación, y por tanto, la realización de una quinta cápsula audiovisual.

Se creó un nuevo grupo de Whatsapp, para organizarnos. Y el interés que nos movía a todos y todas, a ratos generó un caos de información. Había que elegir un día en el que tod@s coincidiéramos, los y las muchachas debían seguir ensayando su performance, había que apoyar la actividad de cierre del verano de la Agrupación Te Falta Calle, y lo más importante, dar con una locación que le hiciera sentido a lo que estos jóvenes pretendían materializar y llevar a cabo: un poema (que habla, entre otras cosas, del paso del tiempo) declamado y musicalizado, además de acompañado de una performance de baile, que se resumía en una propuesta creativa en la que participarían 4 mujeres y un hombre.

Ardua fue la búsqueda de Nicole y Juan David, hasta que dieron con una casucha deteriorada y abandonada, a pocos metros de un lugar que se conoce como “El Mecanizado”, un antiguo muelle de traslado de mineral de hierro que entre fines de los años 50 y principios de los 80, perteneció a la Mina Cerro Imán.

En el lugar estuvimos grabando durante toda la tarde y maldecimos a las nubes que nos arrebataron la cálida luz que se colaba por las ventanas y rendijas de esta pequeña construcción en ruinas. Intercambié camisa con Juan David para que tod@s lucieran de negro, lo que me significó que más de alguno hiciera chiste acerca de mi nuevo look caribeño, o que uno de mis botones fuera a reventar.

Hacia el final de la jornada, reflexiono acerca de las pocas oportunidades que tuvimos para compartir con este enigmático y silencioso joven músico colombiano, que sin querer queriendo terminó formando parte de todos y todas los que de alguna manera, han compartido con nosotros durante nuestra Residencia y han aportado al Proyecto que finalmente decidimos llevar a cabo.

Sé cuáles fueron las razones que trajeron a Juan David a Chile. Vino a conocer a la pequeña que se quemó con una taza de agua caliente en una de nuestras reuniones. Por lo que aprovechó el espacio para comentar que Zarité está muy bien, y que la marca en su carita ya es casi imperceptible, y seguramente el tiempo continuará borrándola. Juan David es el padre de la niña y recién pudo conocerla, 18 meses después de su nacimiento. Tiene sentido que el poema hable del paso del tiempo, tan cíclico, tan absurdo y tan lleno de nostalgia. “El tiempo no es más que un regreso a otro tiempo” versa Rolando Cárdenas, desconocido poeta magallánico de la Generación del 50,  y nos asegura que “todos nos reuniremos alguna vez bajo la tierra”.

La mina cerró en el 81, hace ya casi 40 años. Sin embargo, este coloso “Mecanizado” quedó allí, medio kilómetro al sur del Puerto de Caldera, como una marca irrefutable del paso del tiempo y del auge minero de mediados de siglo XX. De niño recuerdo que muchos osados y jóvenes valientes iban hasta allí, guiados por un extraño magnetismo que se manifestaba por medio del mito y la tradición oral acerca de este Gigante de Acero. De esta línea férrea de 244 metros de largo, situada unos diez metros sobre el nivel del mar, se tiraban piqueros, se suicidaban personas o despegaban naves espaciales como las de “El Imperio Contraataca”.  Pero en lo concreto, era el tiempo y la ausencia lo que iba perpetuándose en las ruinas de ese gran pedazo de acero, que alguna vez sirvió para transportar toneladas de hierro hacia los barcos que los trasladarían a lugares muy remotos, o quien sabe, hacia otras galaxias o tal vez, hacia otros tiempos.

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