MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Por las vías del tren Caldera, Atacama - 2018 Residente: Sebastián Vidal Campos
Publicado: 1 de febrero de 2019
Morenada frente al mar

José, Seba y yo, visitamos a los chicos de Tripanko (una organización de jóvenes cuyas edades están entre los 12 y 21 años) durante uno de sus ensayos. Llegamos al colegio Parroquial, la música nos guió a los chicos, luego de presentarnos y hablar un poco de la cápsula que grabaremos junto a ellos, les dimos la tarea de decidir la locación y el baile, nosotros ayudaremos con la logística y los snakcs para la jornada, no tenemos mucho tiempo para organizarnos ya que en Febrero se toman su merecido mes de vacaciones.

El viernes 01 de febrero a las 17:00 hrs en el mirador “El Delfín” nos reuniremos.

Llegamos antes al mirador para organizarnos, montar el equipo y armar un toldo para que los chicos tengan un lugar de sombra. El sol está arriba brillando con toda su fuerza. De a poco comienzan a llegar. Ya vienen vestidos con sus vistosos trajes, las chicas bajan de los colectivos y de a poco el mirador se va llenando de color y brillo.

Se agruparon rápidamente, a medida que iban llegando el grupo crecía, la sororidad entre las niñas fluía de manera natural, trenzaban sus cabellos con las cintas de colores para terminar el ritual con hermosos pompones brillantes que hacían juego con los colores de sus trajes. No pude evitar mi fascinación por sus trajes, con la excusa de ofrecerles jugo me acerqué a ellas. No pasó mucho y ya me estaban contando sobre sus trajes, la mayoría comprados en Bolivia, lo mismo las botas. Los chicos por su parte, practicaban sus pasos de baile. La música de a poco comienza a sonar y el mirador va cobrando nueva vida. Rápidamente, el grupo se apodera del espacio y comienzan a practicar.

Los trajes brillaban con el sol y el calor no nos daba tregua. La agrupación ya estaba lista. Y como nosotros también, comenzamos la grabación. La jornada fue dura, principalmente para los niños y niñas de la Agrupación, ya que tuvimos que repetir varias veces el baile. Antes de terminar con las últimas tomas, hicimos un pequeño break y les entregamos las colaciones. Entonces partimos de nuevo.

Al final del día, cuando ya apagamos las cámaras y el mirador volvió a quedarse sin luz y en silencio, reflexionamos sobre la jornada. Y a pesar de que siempre se puede hacer las cosas mejor, el cariño y agradecimiento, tanto de los jóvenes como sus apoderadas, por lo menos para mí, es lo más gratificante.

Quiero terminar esta entrada agradeciendo con mayúscula y negrita, a la Agrupación Tripanko, quienes hacen que sea posible visibilizar el enorme patrimonio cultural presente en toda nuestra Latinoamérica (donde, a través de la música, se hermanan nuestros chic@s con pueblos como el de Bolivia, sin generar odios, ni patriotismos absurdos, ni mucho menos resentimiento). También quiero agradecer a los jóvenes bailarines por su aguante, compromiso y buena disposición, y a los apoderadxs que nos estuvieron apoyando y sobreviviendo al calor durante toda la jornada.

Reitero las ¡gracias! Por tener el amor y las ganas de crear organizaciones como ésta, que a punta de esfuerzo luchan día a día, no solo con la escasez de recursos (ya sea para movilización, trajes, etc.), si no que luchan contra monstruos mucho más grandes, como son la drogadicción, la delincuencia y la marginación presente en las poblaciones.

Por eso, tal y como dice una canción que interpretan: FUERZA NORTE!

Por Aurora Rojas B.

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