MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Por las vías del tren Caldera, Atacama - 2018 Residente: Sebastián Vidal Campos
Publicado: 19 de noviembre de 2018
DialogArte

Enmarcado en el Proyecto Participativo “El tambo de la comunidad organizada”, la dupla del Programa Servicio País (Dani y Ariel) diseñó junto a los miembros de la “Comunidad Organizada”, constituida durante el inicio de la intervención que están llevando a cabo en el territorio, un taller que fue llamado: Dialogarte “Empodérate en comunidad”.Dicha actividad fue dictada por el coach, actor y psicólogo Sergio Julio, y contó con 4 sesiones que se realizaron entre el 08 y el 16 de noviembre. Como miembros del equipo de Residencia, fuimos invitados a participar junto a Macarena Aurora Rojas, quien solo pudo estar en las primeras dos sesiones, debido a un viaje que debía realizar a Buenos Aires. Por mi parte yo asistí a las 4 jornadas, donde se reflexionó acerca de lo que significa hacer comunidad y cuáles son los preguntas que hay que plantearse, entre muchas otras cosas.

En un comienzo, más por compromiso y sin muchas expectativas, decidimos asistir ya que, por un lado, fuimos invitados por los profesionales Servicio País, quienes nos han abierto las puertas de su intervención y dado el impulso necesario para entrar al barrio, y por otro, porque creímos que sería una buena instancia para fortalecer los lazos con los miembros de la Comunidad Organizada, y poder conocer otros actores claves dentro del territorio (situación similar por la que asistimos a las reuniones de actualización del Plan Municipal de Cultura).

Al cabo de 4 sesiones en las que participé y al no tener demasiadas expectativas al respecto (cosa que aprendí durante las jornadas), solo me dejé llevar y me dispuse a aprender de la experiencia de todos y cada uno de los asistentes al taller. En un principio pensé que el número de interesados podría descender (como sucede en instancias similares a esta) y con ello podría decaer el ánimo de las personas, pero tanto el número como las energías siempre estuvieron altas. Y no por ello, quiero decir que el número de asistentes a una actividad sea importante. Todo lo contrario (y sobre ello también reflexionó la comunidad durante las sesiones). Pero fue gratificante, como asistente a la iniciativa, apreciar que el interés se mantuvo. Tres jumbitos para “Dialogarte”.

En la primera jornada, Sergio nos pidió que escribiéramos acerca de lo que esperábamos que ocurriera durante los talleres. Yo escribí algo así como: “Espero conocer gente que se interese en temas artístico-culturales y quisiese participar del proceso de Residencia de Arte Colaborativo que se llevará a cabo en Caldera” (siempre me tuve que presentar como el “artista residente”). Y hacia el final de las cuatro jornadas, no solo me di cuenta que hay muchos jóvenes, aunque tímidos, muy inquietos como la “Brigada Harvey Milk” que se interesan no solo por la cultura y/o el arte, sino también por las problemáticas de su comunidad. Y que existen muchos dirigentes comprometidos con los procesos sociales y cambios que se pueden llevar a cabo, colaborativamente, desde el propio territorio. Por tanto, no solo descubrí posibles participantes de una Residencia, sino que me llevé un enorme aprendizaje, a nivel personal.

La cuarta jornada de “Dialogarte” terminó el día viernes, en el cumpleaños 31 de Marylita, miembro de la agrupación de baile Novo Generis, y parte activa al interior de la denominada “Comunidad Organizada”. La celebración, para mí, se extendió hasta las tres y treinta de la noche/madrugada, después de una cuantas cervezas y una novedad llamada Jellytequila (o algo así). Camino hacia el centro de Caldera. Si estuviese en Valparaíso, diría que camino hacia el plan. La noche es agradable, una brisa tenue hace murmurar a los pimientos de la plaza. Doblo en un pasaje angosto, donde se ubica un galpón de venta de menajes llamado el “Mall del Pueblo”. Una bachata se oye desde “El rincón porteño” (restorán de día, cabaret de noche) y unas muchachas, de origen centroamericano, me anuncian una “promo” de piscolas. Sigo de largo hasta la esquina, introduzco la llave en una pesada puerta de madera, subo hacia un segundo piso y recorro un largo pasillo. Llego hasta el final de éste y entro a mi pieza/casa. Es la primera noche que dormiré aquí.

Pd. Durante fines de los años noventa, existía un programa de Televisión llamado “Maravillozoo” donde se otorgaban “jumbitos” (peluche elefante que es la marca de un supermercado)  a los panelistas. Tres jumbitos era el máximo que se podía otorgar.

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