BitácoraResidencias de arte colaborativo

Residencia: Álbum Creativo de Huiro: Cartografía y Poemario Visual Corral - Huiro, Los Ríos - 2019 Residente: Angélica Elizabeth Saiz González
Publicado: 2 de enero de 2020
HIDRÓGENO

Buscando llegar más allá de lo explorado por todos durante estas semanas en caminatas, conversaciones e imágenes, nos metemos en esa mezcla que Huiro tiene más brillante que ninguna, la comunión de agua y aire como elementos vitales. Dentro de esos elementos vitales, el hidrógeno, químicamente presente en todo lo que se compone y nos rodea, como una presencia inalterable e invisible que de alguna forma en el contexto actual y las energías de un nuevo año para cambios nos invita a observar esta tierra desde otro lugar.

El día transcurre colectivo, y llegan casi todos a la casa, intercambiando un acontecer tan simple como acercarnos al estero y escuchar. Con el mismo nombre de “hidrógeno”, el micrófono que Bárbara trae, funciona como una suerte de cámara de sonido anti agua o acuática, posible de sumergir y manipular para sensibilizar lo cotidiano, lo que está siempre y a ratos ni se nota, paradójicamente.

Cercanos, vecinos, medios primos, por primera vez reunidos casi naturalmente tras la invitación a lo nuevo. El entusiasmo crece y la sensibilidad bajo ningún pie forzado aparece entre audífonos y turnos de escucha. Al mismo tiempo, y como un contrapunto evidente, escuchamos a través de grabadoras de audio el entorno, en un choque especial al cambio del sonido bajo el agua. Estar en este campo, en estas tierras, rodeados de una naturaleza increíble sin duda ha conseguido relajar los ánimos de todos en la crisis, pero la escucha de agua, viento, aves y otros animales con los ojos cerrados calma aún más. Al volver a la escucha del hidrógeno otra vez, esa calma se acentúa, y cada quien pasa por esa transición terminando en su rostro con una sonrisa leve, tranquila, casi tierna.

Se escuchan animales, plantas, vecinos, cierras, aguas varias; nos detenemos en lo que está cerca, lo que está lejos, lo cotidiano y lo imperceptible, lo que se sabe y lo que se ignora, en un ejercicio simple y dialogado. Concluimos que Huiro vive, y que esa vida exuberante que se exhibe a diario se escucha fuerte, callada, murmurante y potente a la vez. Huiro, vive, Huiro, suena.

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