MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Paleoduna: tamices y vestigios Cartagena - Población José Arellano, Valparaíso - 2019 Residente: Comunidad Catrileo Carrión
Publicado: 21 de diciembre de 2019
Poyewün Nütramkan 8  –  Diálogos con la historia oral y escrita

Biblioteca Municipal de Cartagena / Humedal de Cartagena / Reflexiones en casa

 

Para sensibilizarnos con el territorio, establecemos diálogos con la mayor cantidad de capas que lo componen como sean reconocibles; creemos que, para entrar en el corazón de Cartagena, y escuchar su latido, debemos permear la mayor cantidad de capas posibles desde nuestro nge epupillan. La ciudad que hoy tan cálidamente nos acoge, encontró su auge (y su declive) gracias a una mezcla de su posicionamiento estratégico y cercano a la capital, el auge de las empresas ferroviarias, su particular riqueza ambiental y belleza natural. Cartagena se consolida como la primera red ferroviaria con fines turísticos del país, contemplando 118 kilómetros de recorrido desde Santiago; siendo el tren en aquel momento un símbolo de progreso económico, turístico y social, generando graduales avances y reformando todo a su incandescente paso, dejando una huella vaporosa que, en su término, forja la sociedad que hoy habitamos. En 1987 se produjo la suspensión total del ferrocarril al balneario de Cartagena debido a una mezcla histórica de la labor social y sindical del ferrocarril, sus terribles usos y desprestigios durante la Segunda Guerra Mundial, tragedias, accidentes y la facilitación de la operación de autobuses por la liberación de las tarifas autobuseras durante la Dictadura Militar. Este proceso culmina en 1989 cuando se levantan los rieles entre San Antonio y Estación Cartagena, el tren se transforma entonces en un fantasma del pasado, donde solo puede encontrar lugar en el patrimonio y la memoria, la huella vaporosa cristalizada, quebrajada por el cemento y cruzada por el transporte fósil.

Dentro de las recopilaciones que revisamos, una carpeta llena de historias y crónicas del balneario, nos da a entender y permite hacernos una idea de cómo Cartagena fue creciendo y desarrollándose: sus primeras discotecas, la llegada del cine, las distintas empresas que surgían a raíz de esta conectividad (fueran gastronómicas, de entretenimiento, e inclusive transporte), el arribo de distintas figuras del mundo intelectual, el cambio que ciertas familias emblemáticas generaron en la zona, su rol como puerto exportador y la infinidad de recuerdos de veraneo que se tienen de Cartagena. Aparecen incipientemente también en estos textos ciertas problemáticas sociales respecto al desarrollo, progreso y desigualdad, como un punto de partida hacia esta (hoy) enorme brecha socioeconómica y cultural, motor fundamental de la revolución social chilena de finales de esta década. Desde la oralidad, casi todas las personas con las que pudimos reunirnos, nos ofrecían detalles vivenciales de los distintos procesos que siguen presentes hoy en Cartagena, la dictadura, la violencia, el deterioro patrimonial, la reivindicación del pueblo mapuche, el abandono de la burguesía, la estigmatización, la conformación de las primeras agrupaciones ambientales, los primeros concursos literarios, las primeras mesas sociales. Lo maravilloso de esta oralidad, es como distintos personajes de estas historias son retratados desde los distintos puntos de vista e historias personales; personajes que hoy son actores claves, conformando distintas mesas de trabajo a lo largo del territorio, empapando de consecuencia, coherencia y afectividad; Cartagena es una ciudad pequeña que, con la llegada de los veraneantes, de esta personificación literal de otredad, (que ha llegado a superar más de tres veces su población) encuentra fuerza y pertenencia agrupándose, conversando y compartiendo.

“Cartagena… Trazos de una historia” por Raúl Gómez Farías a través de la Microeditorial Comunitaria Cartagena Joven 2014, nos lleva en un viaje a través del tiempo; mediante un catalejo que nos muestra la historia viva de situaciones cotidianas, con el foco en oficios, decretos y sesiones del concejo municipal. Dentro de estas actas, la formalización de esta cotidianidad permite ponernos en los zapatos de quienes habitaban el territorio en esa época y poder así entender esta memoria humana no como un ente estático, sino como un ente dinámico, que a raíz de las distintas problemáticas (tan distintas como problemas de alcantarillado, pavimentación, embriaguez en la vía pública, higiene, comercio, seguridad, entre otros) fue afinándose y consolidándose. Así comprendemos que los pasados que cristalizamos fueron presentes, construcciones y convenciones sociales que generaron la misma gama de posibilidades de reacción que nuestro presente hoy nos genera, lamentablemente, muchas de esas posibilidades quedaron fuera de cualquier archivo, siendo solo imaginables a partir de incipiencias; inclusive hoy donde tenemos la capacidad de registrar de distintas maneras ciertos hechos, aun así, hay mucho que no queda registrado y peor aún, es borrado. Si la historia es una construcción colectiva desde la memoria ¿Quiénes y cómo deciden lo que pertenece o no a la historia?

Si bien la Paleoduna, emerge como contexto, como un marco territorial donde ocurre y se desparrama la vida, dentro de los distintos atractivos culturales, aparecen los conchales arqueológicos (monumento arqueológico desde 1998) que datan desde 3000 a.C. y la Laguna de Cartagena (lamentablemente aún no presenta ningún tipo de protección legal, salvo su jurisdicción). En este sentido, la puesta en valor ambiental y sociocultural de la Paleoduna de Cartagena, corresponde a temporalidades más contemporáneas y a lógicas ecológicas que comenzaron a agarrar fuerza en los 70’-80’ para en los 90’ consolidarse e impactar directamente en las políticas públicas y de manejo de nuestro patrimonio natural. Hoy, en que el calentamiento global causa estragos y activa ciclos destructivos de la naturaleza, el tamiz bajo el cual debemos aproximarnos hacia la Paleoduna debe ser siempre poniendo en valor su fragilidad e importancia ambiental.

Estas lecciones de historia, constituyen así una de las capas bajo la que la Paleoduna, desde incluso antes de la conquista española, se ha teñido del color de la sangre y ha hecho eco en el conflicto. Desde las incursiones de avanzada del Imperio Inca, pasando por las primeras expediciones de colonos por esta zona, la guerra con los pueblos originarios, el nacimiento de Lo Abarca, la dinamita, el Ferrocarril, la Segunda Guerra Mundial, la Dictadura Militar, la Revolución del 18 de octubre de 2019. Nos es indispensable hoy, para construir nuestro pasado y constituir nuestro futuro, mirar con perspectiva a la génesis de estas delimitaciones imaginarias (y colectivas) denominadas Chile y comenzar a comprender que existen casi tantas naciones como individuos; y que casi inexorablemente, no hemos sido más que espíritus en perpetuo conflicto; y como lof epupillan podemos ser una voz refrescante, un oído afectuoso frente a la policía de la identidad, el género y la raza, aquella que reprime las acciones, emociones y aspiraciones de los seres que co-habitamos este territorio.

 

 

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