BitácoraResidencias de arte colaborativo

Residencia: Al Des-borde del Camino Huara, Tarapacá - 2019 Residente: Colectivo Pacto
Publicado: 30 de diciembre de 2019
Atávico desierto 

Las mañanas de Huara son soleadas y polvorientas. El calor y la sequedad son la inevitable escenografía de nuestro andar y, seguramente, la misma de los caminos que trazaron los antiguos habitantes y de las familias pampinas que antaño trabajaban de sol a sol.

Nosotros, cruzamos la mañana para reunirnos con las educadoras del Jardín Infantil “Estrellita del desierto”. En este lugar se levanta un trabajo sostenido y se respira una pre-ocupación por el patrimonio de Huara y porque los niños y niñas puedan ejercer su derecho de acceso e incidencia en él. Por ello, queremos generar un lazo que nos permita crear y construir en conjunto.

Las educadoras nos cuentan qué es para ellas el patrimonio; nos hablan de la historia y la riqueza, de las casas de hacendados y de objetos valiosos… Entre ellas, una de las educadoras -de origen aymara- nos regala esta definición que nos sobrecoge: “El patrimonio es el legado de los antepasados” …

También fuimos niñes que jugamos a imaginar. ¿Qué les gustaría encontrar si fuéramos viajeros del futuro?, les preguntamos. Libros, ventanas, bancos, hornos; surgen como respuestas. Son objetos a conservar y que, seguramente, les contarían a los y las que vendrán lo que fuimos, lo que somos hoy. ¿Nos gusta ese futuro? Y, por otro lado, ¿qué pasa con lo que no es un objeto?, ¿qué pasa con lo que no se puede guardar? ¿qué pasa con los sonidos de lxs niñxs, sus voces, sus juegos, con el jugueteo del viento entre las latas del patio de atrás?

La reunión termina. Entre risas y comentarios la conversación toma otro tenor y otro volumen. Cae el telón y sin aviso, cambia la escenografía de la soleada mañana pampina por la noche oscura, fría y silente que tiene lugar en estos parajes, donde sólo se mueven de madrugada las cientos de estrellas que titilan solitarias. Las narradoras, con voces susurrantes, nos cuenta de niñxs de otros tiempos que deambulan por los cuartos del jardín… que se dejan ver por momentos, cambian los juguetes de lugar y hacen sonar las puertas… Se nos agrandan los ojos y se nos eriza la piel. Nadie se ha quedado por las noches en el jardín y dicen que tampoco lo harían. Nos preguntan, traviesamente, por nuestras herramientas para el registro, pues se les ocurre que podríamos dejarlas por las noches para saber qué sucede. Para nosotros eso es, efectivamente, dulce o travesura… No sabemos si queremos grabar, un frío nos recorre la espalda.

Para convencernos, nos siguen relatando hechos sobrenaturales que les han ocurrido en Huara: sonidos de cadenas por las noches, sombras y siluetas que rondan sus palabras… tantas historias que llegan a nuestros oídos y que, a pesar del calor que sentimos, nos hielan un poco la sangre.

Quizás las memorias de este lugar están más vivas de lo que pensamos, quizás nadie las enterró y hoy deambulan como fantasmas;  siguen recorriendo las calles y escondiéndose en el desierto… Quizás hay muchas memorias que buscan salir de las bocas de los y las habitantes del pueblo, quizás es el pasado queriendo hablar-nos, incluso, en las soleadas mañanas pampinas.

 

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