MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Al Des-borde del Camino Huara, Tarapacá - 2019 Residente: Colectivo Pacto
Publicado: 22 de febrero de 2020
Pera o Durazno: Registros infantiles, desbordes en casita.

Peras y duraznos sucumben en la minipimer prestada. Molidas ya, combinadas con agua y azúcar, caen pesadas en bolsitas que se congelarán en el refrigerador arrendado. Cuando abramos la puerta del freezer, serán helados, como llaman aquí lo que para nosotros siempre fueron y siempre serán los cubos que se ofrecían a 100 en los carteles caseros hechos a mano en los arrabales de la pobla capital.

 

Pero estamos en Huara y aquí, les chiquilles son buenos pa’ la golosina, el azúcar y la bebida. Por ello, buscamos una forma de ser anfitriones que no implicara sucumbir a la industria del veneno para niñes. Hace días que nos vienen preguntando por sus fotografías y sus entrevistas; por el material que recopilaron en nuestro viaje campamento en Pica. Así que decidimos convidarlos a nuestra casa esta tarde para rememorar juntxs esos momentos que ellxs mismxs capturaron.

 

La piscina -su lugar favorito- fue nuestro punto de encuentro. Pero, hora huarina es espera siempre. Mientras, conversamos con el joven iquiqueño de mantenimiento, quien nos cuenta lo que implica, por ejemplo, poner cloro en las piscinas de la Municipalidad o dónde se queda a dormir en el pueblo… En eso estamos cuando, de a poco, nuestrxs invitadxs se dejan caer, como las gotas de lluvia fina de las noches de invierno altiplánico que vienen a dar a la pampa. Lxs que van llegando, se ofrecen para ir a buscar a lxs que aún no están y así, en patota, partimos por las calles rumbo a la casita, donde está todo listo y dispuesto para ellxs.

 

Data, parlantes cargados y telón instalado para recordar que la cocha era fea; que demasiado llena, que el agua caliente, que no se puede nadar, que no dejaban tirarse piqueros. Recordar los juegos de agua, quién hizo equipo con quién, los globos que no se reventaban en la gymkana… que por qué me sacaste esa foto, que esta la saque yo. ¿Qué estaban haciendo ahí? Ah tío, ¿no se acuerda? Fotos, fotos, fotos: aquí pintándonos las manos, aquí bordando, aquí posando, entrevistando… vistiéndonos de mujer y de hombre, comiendo asado…

 

Umbral de atención cumplido y videos y risas, fotos y gritos, fotos y sombras en el telón, videos y figuras de palomas y culebras quiebran las imágenes. Las sombran sacan mocos, ponen bigotes, limpian orejas, hacen cosquillas… Mientras tenemos hambre y tía deme otro helado, yo quiero de pera y yo de durazno. ¿Y yo tía? No quiero de ni uno de esos, ¿tiene otro?, ¿tiene galletas?, ¿otra cosa pa’ comer?

 

Y así, súbitamente, como solo saben hacerlo les niñes, rompen el orden y lo que lxs adultxs piensan para ellxs y lo transforman todo a su medida. Y cuando ésta les queda chica, la desbordan sin problemas y sin culpas. Porque ya está fome, porque mucho rato, porque quiero jugar. Intensidad de pequeña medida y gran esfuerzo. Porque lo intentamos, porque lo logramos de alguna forma, pero ya crecimos, somos adultxs desaprendiendo lo que se padece en las “escuelas numeradas” y comprendiendo el daño que nos hace el mundo cuando crecemos, porque la vida, porque el esfuerzo, porque la gente no es buena, porque la desconfianza, porque todo es tan difícil, porque los problemas te abruman, porque la plata.

 

Cumplimos nuestra promesa de revisar los registros, y nuevamente nos enseñan que las amarras de los tiempos no funcionan con lxs niñxs, el presente que son nos empapa de alegría al verles reconocerse y sonreír, al tratarnos con un cariño que nos sorprende. Quizás solo se trata escuchar las voces pequeñas de la pampa y ellas te abrazaran con ternura, esa ternura que tanto cuesta encontrar, pero que siempre aparece en los ojos de lxs niñxs.

 

Por esxs niñxs es que se perdieron tantos ojos en esta revuelta y solo valdrá la pena si este país, que no es el de lxs niñxs, les escuche y proteja y así, tal como cuando abrimos la puerta de nuestra casa, “vuelen como pájaros” y nada les pueda nunca enjaular.

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