MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Al Des-borde del Camino Huara, Tarapacá - 2019 Residente: Colectivo Pacto
Publicado: 31 de diciembre de 2019
Veinte-veinte

 

“Con mi 30-30 me voy a marchar

a engrosar las filas de la rebelión

si mi sangre piden, mi sangre les doy

por los explotados de nuestra nación”

 

Caprichoso número en el calendario citadino. Quizá aquí no tanto, porque el año nuevo es relativo. Huara es un pueblo en medio de la carretera donde bifurcan, todos los días, bolivianos, peruanos, ariqueños y gente de los pueblos interiores. Distintas ruedas del tiempo giran por estos caminos.

 

Dos y dos son cuatro y 20 y 20 son cuarenta. Cuarenta llamas ardiendo se bañan en la piscina municipal esperando que anochezca, porque a medianoche hay fiesta en el frontis de la Municipalidad “y traen orquesta y todo”. Un gran escenario se levanta de espaldas al sol y las calles encandilan más que otros días por el brillo de guirnaldas plateadas, que luchan contra el viento por pasar “las doce” en su puesto de trabajo.

 

Decidimos quedarnos aquí y no ir a Iquique. Hubo diversas convocatorias para fin de año: cenas vecinales, marchas, concentraciones familiares. Pero quisimos pulsar acá y ver qué tan alienígenas somos viniendo de Santiago, donde el año nuevo es cuenta regresiva, champaña abierta con escándalo, confeti y nieve falsa para les niñes, abrazos a la familia y Felizaño y que se cumplan todos tus deseos. Y luego música, baile y un año más que se va.

 

Pero en la pampa nada de cumbia ni confeti. Acá es la pólvora pisada con fuerza por el niño del pasaje, es el fuego artificial que casi le quema la cara, pero no. Es la cumbia a puerta cerrada por las luces navideñas, es la fiesta que se escucha a lo lejos. Es la señora Laura y su cena maravillosa, es don Daniel y sus historias de periodista “de los de antes,” de los que reporteaban la noticia, que tomaban la micro para sacar el titular de lo que sus ojos vieran y sus pajarillos le contaran.

 

Feliz 2 0 2 0 se lee, brillante, en el edificio municipal. La música suena fuerte y les huarinos visten de fiesta. Los Gigantes de Huara, nos dan el abrazo respectivo bailando reggaetón y cumbia andina. Las edades se funden, las mujeres bailan entre ellas y los hombres las miran sin atreverse a dar el paso decisivo a la pista de baile. Por eso, cuando el dj pincha un remix que versa “y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía; el violador eres tú”; les cuesta encontrar a quiénes apuntar, como requiere la coreografía. Sin embargo, se atreven a mirar a los carabineros que aportan iluminación con sus balizas, que custodian en la vereda, dispuestos a terminar la fiesta por la razón o la fuerza.

 

Dos y dos son cuatro y a esa hora se baja el volumen. Por la razón, la gente se retira y ya no sonará más la cumbia del “son quince, son veinte, son treinta” ¿Treinta años? ¿Cuántos se han ido ya? ¿Será toda la vida? Esperamos que no, que este año nuevo sea el viejo 1986 y que el 20-20 sea el año del paso decisivo, el que se decida a iniciar el baile, el de los que sobran.

 

 

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