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Red Cultura
Residencia: En la espera surgen las voces Lolol - La Cabaña, O'Higgins - 2019 Residente: Jose Francisco Guerra Solano
Publicado: 20 de enero de 2020
Entre humas…

 

Tras juntarnos con el grupo de los yerbateros en la charla acerca del bio filtro para el cultivo doméstico realizada en la Sede del Adulto Mayor, se organizó una junta el pasado viernes en casa de doña Flor, una querendona y simpática abuelita, con la finalidad de hacer humitas para compartir el sábado después de un taller sobre cultivo orgánico.

En el proceso se despelucaron los choclos, se descoronó la mazorca, se chancó el maíz tierno con la albahaca en el clásico molinillo, ese que hay que girarle la manilla para que salga la mezcla y que por más que el choclo empujase hacia abajo, costó que se moliera. Luego se abrieron las hojas chocleras para armar las humitas. Finalmente se fueron amarrando con cáñamo y las mismas hojas. El proceso de cocinar humitas llevó mínimo cuatro horas y por suerte había 5 personas, incluyéndome, sino no hubiésemos terminado nunca. Hacer humitas es bastante sacrificio, aunque son encuentros para reunirse y compartir entre vecinos.

Al otro día se hizo el taller de agroecología, al cual asistieron casi las mismas personas que la junta de los yerbateros. La idea es darle una continuidad al proyecto de los bio filtros, dándole una identidad comunitaria, cultivando e intercambiando a futuro sus propios productos. El final del taller era comiendo las humitas en casa de doña Flor, la cual está llena de distintas plantas. Doña Flor estaba muy contenta de tener gente en su casa, a lo que decidió tomarse una copa de vino para celebrar. Aquí observé que la señora Flor es media achorada pero de un gran corazón y que la gente de campo tiene sus distintas personalidades pero que responden de igual cariño; es ese ímpetu fuerte y adorable, de voces fuertes y bromistas, pero de buenas intenciones. Volqué mi mirada a las plantas, también representando a distintas personalidades en la forma en cómo se mecían con el viento, entonces decidimos con otros jóvenes del encuentro, utilizar su lindo patio para trabajar con los niños en un reconocimiento de especies vegetales.

Y canto.

El día sábado me pasó a buscar Manuel, fuimos al sector de La Vega a una vigilia donde se hacía el canto a lo divino. Esta vez, era el pago de la “mala pata” de un familiar que se fracturó el pie y se encomendó a la Virgen del Carmen. Manuel es cantor y me invitó tras descubrir que mi bisabuela fue comadre con uno de sus cantores favoritos, don Chosto Ulloa, pircano y conocido por el canto a lo divino con guitarrón chileno.

Los cantores comenzaron a entonar, al frente un altar de flores y hojas de palmeras, coronan a la Virgen. Cada canto dura 48 minutos, y está compuesto de 5 estrofas de 10 décimas más una entrada y un cierre. Una gran conexión había entre los cinco cantores, pues no se puede perder el tono, el ritmo, ni olvidar las letras.

 

Tipo 4 de la mañana le comenté a uno de los cantores que también toco guitarra, y entre broma y broma, excepcionalmente terminé tocando, rasgueando unos 10 a 15 minutos. Descubrí lo agotador que era, no se para jamás, y se pasa de estrofa en estrofa casi sin darse cuenta. Noté que toda la familia se reunió a nuestro alrededor, no era normal que alguien joven, mujer y desconocida tocara en estas situaciones, ya que el canto divino lo hacen siempre los hombres. Fue especial y traté de seguir la tonada, querían que cantara, pero no me sabía ningún verso. ¡Después quedé más que invitada a volver!

 

Pepe, el cantor más antiguo me dijo emocionado al final de la vigilia que tenía muchos versos y que no tenía a quien enseñárselos, que fuera a la trilla el sábado para volver a verlos y seguir en contacto. Cuando ya me iba, se me acercó el dueño de casa y me dijo – ¿Y se aburrió mucho? Yo le dije – ¡No!, todo lo contrario, y me dijo – ¿Cómo?, ¿nos aburrimos nosotros entonces? Me rio y entonces me siento contenta, me recuerda a mi familia y a  mi abuela… tan amiga de los cantores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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