MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

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Red Cultura
Residencia: En la espera surgen las voces Lolol - La Cabaña, O'Higgins - 2019 Residente: Jose Francisco Guerra Solano
Publicado: 27 de enero de 2020
Flor

Mientras mirábamos curiosos con los niños los brazos de la señora Flor, ella pasó unos álbumes de fotos antiguas y nos contó lo aficionada que era ella con su marido, quien en paz descanse, por la fotografía.

Comimos algo, llegó Aidan, otro niño, y comenzamos la actividad del reconocimiento de plantas con el objetivo de conocerlas, ver aquellas que eran medicinales y fotografiarlas para finalmente ponerles nombres. Yo me dediqué solo a sacar fotos y ser fotografiado por l@s niñ@s que decidieron tomarme de modelo.

Sin orden alguno l@s niñ@s fueron a tomar fotografías a las plantas mientras doña Flor explicaba cuál era cada una y para qué servía, descubriendo cientos de especies en su enorme corredor y jardín, el cual recorrimos entero y que seguía oculto lejos de casa, con árboles de distinta especie, en su mayoría frutales. En ese momento noté a doña Flor con una pala cortando malezas, como si fuera más joven. La encontré enérgica, como si le gustara que la visitaran.

Luego, mientras los niños terminaban de escribir el nombre de las plantas en cada foto que sacaron, me quedé mirando una muñeca la cual estaba en lo alto de un mueble y le pregunté que de dónde sacó esa muñeca. Allí ella me contó que la hizo a mano en un taller con la técnica soft, aquella dirigida a realizarse con pantys. Entonces también me mostró un árbol hecho a mostacilla simulando flores del inca. Allí me hizo saber que el incentivo por hacer artesanía vino porque su madre era artesana, contó que ella antes bordaba, que hacía mantos, aunque se demoraba meses en hacerlos, que confeccionaba ositos de felpa, perritos y muchas otras cosas.

Llegó Manuel a la casa y ahí nos pusimos a conversar acerca del machismo, ya que doña Flor encontraba machista que los hombres no le vinieran a laburar a su casa solo porque había trabajadores que les daba vergüenza trabajar para una patrona y no para un patrón.

Fueron varias anécdotas de la señora Flor, quien se veía contenta por nuestra visita, pero a pesar de que queríamos escuchar más, el sueño nos vencía y nos tuvimos que regresar a casa en el triciclo de noche, el cual no tenía luz y por ende fue complicada la vuelta.

Doña Flor es una mujer con una personalidad bromista, enérgica y directa, la que se sostiene como roble, la que cuando se enferma trata de levantarse como sea. Creo que ese día nuestra visita le levantó los ánimos, porque tanto fue su amor entregado a su manera, que al menos mi flor favorita de todas las que estaban en su jardín fue ella, recordándome a mi abuela fallecida ya hace muchos años.

 

 

 

 

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