MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Rebalses Los Choros - La Higuera, Coquimbo - 2018 Residente: Colectivo Caput
Publicado: 15 de marzo de 2019
Rodeo de Burros, ¿Control de natalidad, producción de alimento o maltrato animal?

Nos invitan a conocer el rodeo de burros, actividad que realizan cada cierto tiempo en distintos pueblos del sector, este es organizado por el club de huasos de Los Choros. Ya desde antes habíamos escuchado a algunas personas estar en contra de este evento, por considerarla salvaje y violenta con los animales.

Más allá de las opiniones, quisimos conocer personalmente la actividad. Y el domingo por la tarde nos acercamos a la parte final del pueblo, donde nos encontramos con una multitud de personas en sus camionetas 4×4 color rojo y sus camiones para el transporte de burros y caballos.

El rodeo, por una parte, tiene como objetivo la cuantificación del ganado, la posible venta de animales y otro aspecto importante es su identificación, este proceso lo realizan los mismos dueños de los animales, que van laceando a su ganado, para luego cortar la “tusa” o melena, esto con la intención de marcar e identificar sus burros. Otros marcan a sus animales mediante cortes pequeños realizados en las orejas, esto a simple vista produce una imagen violenta, pero que no les produce “dolor” a los animales, nos comentan algunos asistentes.

Dentro de todo este espectáculo, donde adultos se reúnen con amigos criaderos de otros sectores y festejan su actividad. Los niños practican el laceo de burros, viviendo la experiencia directa con la tradición campesina. Esta transferencia cultural entre adultos, jóvenes y niños puede asegurar de alguna manera la permanencia de estas comunidades en el territorio; la problemática surge cuando este traspaso se encuentra impregnado por el machismo y violencia que promueve la actividad.

CABALLOS DE FUERZA

Ya entrada la tarde, se comienza a organizar una carrera, esto se gesta cuando dos dueños se ponen de acuerdo en el monto a apostar y la cantidad de metros de la carrera.

La gente se reúne, aparecen los jinetes, y el momento esperado llega, la aparición de los equinos que correrán, el caballo “Komatsu” y la yegua “Chica Difícil” vienen al mil por hora, eufóricos, parecieran máquinas a su máxima intensidad, a punto de estallar, por momentos, da la impresión de una potencia difícil de controlar. Cuando pregunto a los asistentes sobre cómo consiguen mantener a los animales en este estado, algunos guardan silencio, y otros hablan del “pichicateo” que realizan algunos corraleros.

Luego de una salida en falso, y unos cuantos recorridos de los caballos por la pista para que reconozcan el camino y no se asusten durante la corrida, los asistentes aprovechan el momento para apostarse unos a otros, sumas menores.

Arranca la carrera y se puede apreciar la potencia de los animales en su máximo esplendor, músculos, huesos, carne, y un jinete que triunfa. El caballo chorero “Komatsu” es el triunfador; su rival, “Chica Difícil”, no pudo con el pichicateo en su cuerpo. El exceso de sustancias acelerantes en el animal produce un estado de euforia y de alerta difícil de controlar para su jinete.

AL RITMO DE LAS RANCHERAS

Cuando ya cae la noche y continuamos compartiendo con los lugareños, se escucha a lo lejos un sonido de música que no logro identificar. Pregunto que suena, y me dicen que el rodeo se vive con rancheras, y que en un rato habrá un baile en el club de huasos, con un conjunto musical del mismo estilo.

Me acerco al lugar de la fiesta y me encuentro con un verdadero conjunto musical de rancheras, vestimenta y sombrero incluido. Un lugar habitado por hombres en su mayoría, que festejan al ritmo de la cerveza y el ritmo mexicano, su cultura huasa-campesina.

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