MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

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Red Cultura
Residencia: La ruta  ancestral de la memoria del agua Los Alamos, Biobío - 2019 Residente: Daniela Andrea Pizarro Torres
Publicado: 14 de febrero de 2020
Cambiar nombres: entre el amor y las estrellas

“Para amar a un otro” —dice nuestra compañera— “es necesario amarse a uno mismo; nunca estamos solos, siempre estamos junto a cada órgano, cada parte de nuestro cuerpo”, termina. Más allá de los mitos, cada uno de nosotros tiene una distinta manera de amar y pensar sobre aquello. Hoy nos provoca más que una sonrisa solo porque jugamos… haciendo asociaciones libres de símbolos en la calle, imitando voces, buscando los rasgos del otro que nos gustan, simulando amores nuevos, recordando los del pasado, los amores sin categoría fija, los amores que no contestan —o contestaron— el llamado.

Hablamos de amor porque, como hemos tratado de reflejar en esta escritura, el territorio nos muestra la necesidad de cambiar el significado de amar a través del pensamiento, poniendo en primera línea la voluntad. Nos referimos a la violencia, a la anulación de la alteridad, el deseo fundamental de ejercer el amor desde la libertad. La persona no puede ser sometida involuntariamente. Capturar a través de la fuerza, hacer del otro una servidumbre obediente, aceptarlo, “porque el otro no puede cambiar”… he aquí el inicio de una violencia; se anula a golpes, como si el puño o la lengua fuese una varilla. Varios lectores podrían refutar este pensar; y es tanto lo que se podría escribir sobre el tema, que dejaremos la reflexión abierta.

Son las 14:00 horas y nuestra mesa de comida se presenta con algunas variaciones; huevos duros en vez de choclo, nada de flores salvo las que aún queda en el memorial de Miguel Ramírez. Como la sesión pasada, las mesas dispuestas, las estaciones, nuevamente, no necesitan de ninguna explicación. Siempre se abre la posibilidad, libre, del circuito a través de lo que significan los materiales.

Sigue siendo importante para nosotros que las estaciones hayan sido integradas por las personas que asisten a nuestro trabajo de creación colectiva; sin importar que alguien falte o que alguna persona nueva llegue. El nombre de cada estación se difumina, están caracterizadas por su quehacer, su activación. Llega una nueva guitarra; ésta crea, rápidamente, punteos para la canción… la cual, a través varias votaciones, recibe un nombre, luego otro, hasta llegar a uno que parece definitivo: “La niña de Pilpilco”.

En esta oportunidad se integró al laboratorio Felipe Catrilelbum, dejando dibujos dentro de nuestro archivo. Habíamos escuchado de Felipe Catrilelbum, por lo que después de la sesión, decidimos conversar con él.

Felipe, hace dos años, empezó a crear un emprendimiento en turismo que consiste en enseñarles a distintas personas cómo observar las estrellas y entender el significado que ellas tienen para el pueblo Mapuche. Tras terminar un primer proceso con un proyecto anterior, el nuevo proyecto adquiere el nombre de “Astroturismo Lavkenche” (recordando que la zona de Los Álamos es lafkenche/lafquenche/lavkenche”, según cada variación).

Felipe es de Pangue, su familia es oriunda de la zona; aquí realiza su actividad. Para él, el turismo es una otra manera de generar economía circular, es decir, ingresos locales que quedan dentro de la comunidad; es turismo asociativo, nos explica. El trabajo comienza con un circuito de senderismo. En él, asocia a personas de la propia zona para que vendan comida o presten otros servicios de acuerdo a cada emprendimiento. Esa es la economía circular; una economía donde los ingresos no se entregan a manos de desconocidos, no se alejan de los territorios.

La observación de las estrellas recibe el nombre de astroturismo. Los Mapuche, nos cuenta Felipe, tienen interpretaciones para cada ciclo que presenta el cielo, y desde estos ciclos organizan sus actividades: sembrar, castrar, cortar wuiño, construir, etc. Para cada acción se debe observar la luna. “En luna llena”, por ejemplo, “se pescan las corvinillas con red”. En luna roja se guarda cautela, dado que presenta un mal presagio.

El pueblo Mapuche siempre ha observado las estrellas para ordenar la vida cotidiana; la labor de Felipe es enseñar e interpretar estos ciclos en relación a ellas. Es fundamental señalar que su aprendizaje es a través de la oralidad, de sus abuelos, de los kimche, es decir, las personas que son reconocidas por sus saberes y conocimientos. De este aprendizaje, Felipe pone en valor el reconocimiento de las constelaciones según la cultura Mapuche. Su referencia bibliográfica más importante es un libro titulado “Nahuel Mapu: astronomía y cosmovisión Mapuche”, del cual rescata relatos de otros territorios para los que también las estrellas eran una guía importante, como para los Pehuenche.

Felipe pone en valor que es tiempo de reconocer los nombres Mapuche de las constelaciones; es decir, volver al nombre de las estrellas de los pueblos originarios y dejar atrás “nombres colonizados”, quebrar la astronomía occidental, podríamos decir. Las tres Marías, nombre inexistente para muchos pueblos, son seis, y representan un antiguo juego Mapuche. Lo mismo que el cinturón de Orión, figura griega muy lejana de nuestro nombre. Se nos ha hecho pensar que estos, antes de los griegos, no existían. Eso es lo que Felipe enseña a los turistas, haciendo prevalecer la cultura ancestral del territorio y generando, además, economía circular.

La relación del agua con los astros es importante, cuenta Felipe, porque lo que ocurre en la tierra, ocurre en el cielo, es una relación tan vertical como horizontal; la fase de la luna, el movimiento astral. Cada giro habla con la tierra, con la savia, aguas de los árboles, crecimiento de las plantas. Encontramos en sus palabras nuestra ruta ancestral, y vemos que con el tiempo, para tantos, ésta ha desaparecido por las manos de una centralización del conocimiento como verdad única, densificando el velo de los ojos, configurando el oído, cambiando las palabras, por la administración de zonas capitales. Al mirar al cielo, termina Felipe, observas tu vida. Al mirar el agua, pensamos nosotros, escuchando sus palabras, permanecemos con vida.

 

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