MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: Tesoros del Cerro Andacollo, Coquimbo - 2019 Residente: Claudia del Fierro
Publicado: 25 de noviembre de 2019
Encuentros para tejer almas

Desde la semana pasada he estado conversando con Carolina Herrera, a quien contacté de manera bastante mágica mediante colegas y amigas, mientras buscaba conexiones con agrupaciones informales y otras configuraciones territoriales acá. Si bien hemos podido acceder a una cantidad de organizaciones y servicios municipales, pensamos que es muy importante conocer otros tránsitos que se desmarcan de la institucionalidad y funcionan con otros ritmos y propósitos. Carolina es guía espiritual del pueblo Diaguita. Trabaja en temáticas de revalorización de los pueblos indígenas, investigando sobre diversos aspectos de la misma, e indaga acerca del patrimonio inmaterial de los bailes chinos y el patrimonio alimentario. Heredó el rango espiritual de su bisabuelo. Como ha realizado jornadas de formación en distintos ámbitos de las tradiciones locales en Andacollo, nos ha ofrecido visitar para presentarnos con algunas personas, cultores de los bailes, música y cocina tradicional. Estoy muy agradecida de poder dejarme llevar por las relaciones humanas y las coincidencias.

Es de mañana y nos juntamos para ir a la casa de la señora Elba Berríos, portadora de saberes sobre la medicina ancestral, hierbas y alimentos locales. Después de perdernos un rato mirando el mapa del teléfono, me doy cuenta de que su casa está muy cerca de nosotros, cruzando el puente, al comienzo de la subida hacia el Curque. El terreno de la señora Elba es amplio, con varias construcciones y un espacio donde se aloja un grupo de baile para la fiesta de la Virgen. La antigua casa principal está flanqueada por plantas y unas palmeras que crecen desbordando el patio. Un oasis, pienso. Y así es, el interior es fresco y acogedor. Un mueble de madera alberga los frascos con hierbas, un altar para la Virgen agrupa una colección de tesoros, fotografías, minerales, en una esquina de la sala. La cocina, atiborrada de verduras, protagonista del espacio, se asoma desde una ventana que da al comedor. Estamos invitados a almorzar carraca, un tipo de ajiaco de la IV región que la señora Elba va a enseñar a cocinar a Carolina. Miramos atentos el proceso del ahumado de la carne en el patio y la preparación de los ingredientes mientras escuchamos el relato de la señora Elba, que aprendió a los 12 años a cocinar este plato de su abuelo. Vamos conversando hasta que el almuerzo está listo, junto con verduras y ensaladas. Llega Solange y nos sentamos a la mesa. Comemos con ganas y seguimos escuchando historias familiares de abuelos y bisabuelos; ya son seis generaciones en la misma casa, y ella quiere que permanezca en la familia. Salimos al patio donde está construyendo un altar para la Virgen del Rosario, y tiene una imagen que le apareció al partir una roca por la mitad. En la sobremesa nos cuenta que está aprendiendo a tocar guitarra y nos canta una canción. Luego la guitarra pasa de mano en mano y terminamos cantando una ranchera. Luego trae una caja con hierbas, y nos va contando para qué sirven. Se nos pasa volando el tiempo entre conversar y asimilar todas las historias. Nos vamos cargados con bolsitas de monte y hasta un sahumerio para limpiar la casa. Nos abrazamos y quedamos en contacto para volver en estos días, para seguir conversando.

Antes de partir, Carolina nos presenta a don Juan León Castillo, Jefe del Baile Chino número 8 y el único fabricante de flautas de caña en Andacollo. Subimos caminando hacia su casa y lo encontramos en su taller, trabajando, porque en esta época le hacen encargos y hace arreglos de flautas para la Fiesta Grande. Nos cuenta que también hace tambores y pitos, a veces, pero más que nada las flautas. Don Juan aprendió el oficio hace mucho tiempo y es el único que ahora las confecciona por esta zona. Ha tratado de enseñar a otros, por ejemplo en un proyecto que hicimos en las escuelas de acá en Andacollo, para mostrar el oficio y difundir las prácticas musicales ligadas al baile. Nos muestra las distintas flautas y los materiales que usa. Ahora va a probar unos bambú que le trajeron. Nos muestra los sonidos. Don Juan nos cuenta sobre su infancia y los distintos trabajos que realizaba para ayudar en la casa. Antes, en Andacollo se molía trigo que traían otros valles y él con sus hermanos molían en la casa, repartiendo harina a los almacenes locales. Así se mantenía la familia. Conversamos sobre la situación económica, antes y ahora, el trabajo en los pirquenes y lavando oro que realizó durante años y que le dejó secuelas de salud. Don Juan aún tiene que trabajar para mantener la economía familiar, no puede dedicarse solamente a los instrumentos. Todos los años pienso que debería retirarme del baile- nos cuenta. Pero aquí estamos, seguimos bailando.

Se hace tarde y dejamos el patio de la casa de don Juan. Bajamos hacia el centro, compartiendo nuestras impresiones. Tengo mil preguntas sobre lo que hemos escuchado hoy. Me parece que voy conociendo un poco más, en Andacollo cada casa es un mundo y pienso cómo podemos abordar algunos de estos temas, generar encuentros y difundir estos saberes. Como observa Carolina, este proyecto es una forma de ir tejiendo las almas.

 

 

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