MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y EL PATRIMONIO

BitácoraResidencias de arte colaborativo

Red Cultura
Residencia: CH-60, las napas subterráneas y el metalero Panquehue, Valparaíso - 2019 Residente: Josefa Micaela Ruiz Caballero
Publicado: 1 de febrero de 2020
Un teatro de terremotos

Es día de estreno. El ajetreo comienza temprano. La cita del elenco es a las tres de la tarde para ensayo general, filmar, entrevistas que hablen del proceso creativo y estar juntos. Será una jornada larga.

 

En la Sala Cultural de Panquehue, hacemos lo habitual, previo a cada ensayo. Colocar los atriles y focos,  alargadores, zapatillas, las linternas, disponer la escenografía, la escena, con la utilería en su lugar, mesas, sillas, verificar vestuario, parlante, las velas chinas, las piedras antiguas y hoy en particular, armar el camerino en el piso de arriba. Daniela trae un espejo horizontal y Francisca, la caja con el maquillaje.

 

Valentina, Andrea y Raúl, encargados de filmar el proceso, llegan temprano desde Santiago. Enseguida, la sonidista, observa detenidamente la mesa, los objetos sobre ella, los espacios, conversa con el elenco y empieza a colocar, donde convenga las balitas. Los cámaras, hacen lo mismo, atriles, medición de la luz, sugerencias, la posición ideal para ver más y mejor.  Reconocer el lugar y empezar a filmar desde el camerino,  registrando el proceso de maquillaje y vestuario.

 

Cerca de las seis de la tarde, habíamos hecho dos pasadas de ensayo general.  Hicimos algunos ajustes.  Técnicos y de puesta en escena. Había nervio y ecuanimidad. Estaba a punto de comenzar el estreno.

 

El primer vecino en llegar fue Gastón, un niño de la Villa El Bosque, le siguió Paty,  Presidenta de la Unión Comunal.  Un cuarto para las ocho había casi 80 personas a punto de entrar. Los agrupamos y hablamos brevemente  a la entrada de la sede, sobre el proceso de la residencia.

 

La obra instalada en la sala cultural ya estaba en escena mientras el público entraba, fluyó y el sobrecogimiento y asombro, eran evidente. La puesta transcurrió impecable. El elenco, muy atentos a sus personajes, sin nervios aparentes. Los testimonios, se escucharon, desde la graderías de arriba donde también había público.  Cuando se apagaron las luces, empezó el estruendoso aplauso. Aparecía el regocijo y el alivio.

 

Y en minutos comenzó el conversatorio previsto. Cada actriz/actor-vecin@ se presentó,  habló del proceso y el público agradeció, se interesaron, hicieron preguntas, de cómo había sido y un niño indagó sobre la motivación principal. Hubo en alta voz comentarios de apoyo. Algunos se acercaban y decían sentir empatía con algunas historias, lo reconocían.  Hubo abrazos, felicitaciones, algunas críticas, sugerencias. Un proceso con término y continuidad acertado.

 

Uno de los asistentes, invitó para otra presentación el próximo 15 de febrero, en el auditorio de la Caja de Compensación Los Andes, que se ubica en el sector El Palomar.

Y al día siguiente, Gastón el niño que llegó bien temprano a la obra, me comentaba frente al mural y mientras dibujaba, que le había gustado la obra, y que trataba sobre terremotos.

 

 

 

 

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